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28 ago 2026

VEJEZ SEGÚN DIOS 2da PARTE

VEJEZ SEGÚN DIOS- 2da. PARTE

El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de YHVH. En los atrios de nuestro Dios florecerán; aún en la vejez fructificarán, estarán vigorosos y verdes, para anunciar que el SEÑOR, nuestra fortaleza es recto, y que en Él no hay injusticia. Salmos 92:12-15.

 

Por lo tanto, no desmayamos; aunque éste, nuestro cuerpo exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día; porque cada tribulación es momentánea, y produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. 2 Corintios 4:16-17.

 

Aún en la vejez y hasta las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a otras generaciones, y tu potencia a los que han de venir. Salmos 71:18. En los ancianos está la ciencia y con la larga edad está la inteligencia. Job 12:12.

 

Es hermoso saber a esta edad adulta que aunque el mundo nos ve como estorbos inútiles que deben quedar en un rincón, en Dios seguimos siendo personas, útiles, gente madura cruzando la última etapa de la vida, pero instrumentos de bendición que honran al SEÑOR, puesto que nuestro Creador ya ha establecido que en sus manos y bajo su gobierno somos sus hijos con un poco más de su sabiduría que los jóvenes, debido al camino que hemos transitado; por lo tanto, somos los más indicados para dejar legado espiritual a las generaciones que vienen detrás, por eso Dios no deja de trabajar en nuestra vida, aunque envejecemos. Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor y en la paciencia; que así mismo las ancianas sean perseverantes en su buen porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, sino maestras del bien; que enseñen a las mujeres más jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, que sean prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. Tito 2:1-5.

 

En la vejez el énfasis hacia nosotros mismos cambia para que el fruto se vea en otros, en quienes hemos sembrado, en quienes nos rodean, porque transmitimos lo que el Padre celestial nos ha enseñado de muchas formas y en diversas circunstancias tristes y alegres; con humildad digo que en mi caso, he llegado a los 70 años y ya he dejado un legado y una herencia en mis hijos, con la crianza en Jesucristo, en quienes me conocen de cerca y de lejos, con el libro de discipulado y en las 647 enseñanzas que se han publicado en el Bloguer de Google, Con Pasos Firmes en Dios. Aún en la vejez y hasta las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a otras generaciones, y tu potencia a los que han de venir. Salmos 71:18.

 

Dios continua su proceso perfeccionador hasta el último día de nuestra existencia, Él no descansa, por lo tanto, nosotros, sus hijos, sus ancianos, no somos de los que nos jubilamos para entrar a una etapa de inactividad y quietud, continuamos siendo instrumentos de gloria en sus manos, haciendo lo que Él nos permite en nuestras nuevas fuerzas, mentalidad y agilidad física, según cada caso y no desmayamos; porque nuestro Padre Dios es el que sacia de bien tu boca y la mía, de modo que nos rejuvenezcamos como el águila. Salmos 103:5.


No tenemos excusa para paralizarnos, anularnos ni separamos de todos y de todo, estamos en la etapa del mayor fruto de la vida humana, seguimos produciendo, seguimos sembrando, y seguimos recogiendo de lo que hemos plantado y cosechado, porque alimentamos a otros, no solo físicamente, sino espiritualmente con la oración, la palabra y los recursos que Dios nos permite tener, nuestro Creador todavía espera que sigamos dando fruto, testimonio de amor, intercesión, fidelidad y servicio, ya que Dios renueva nuestro interior y aunque el cuerpo envejezca, nuestro espíritu crece en profundidad y conocimiento de Dios por su palabra. La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos su vejez. Proverbios 20:29.

 

Uno de los grandes llamados de la vejez es contar a los más jóvenes, la historia sagrada y la historia del mundo, junto a las experiencias de la vida que Dios nos ha permitido vivir para madurar, junto a nuestras experiencias con Dios, con la familia y con la gente que se ha cruzado en nuestro camino, todo eso se puede convertir en un gran ministerio, pues a medida que avanzamos en la edad, tenemos que ser más parecidos a Jesucristo porque la madurez espiritual no termina; la meta no es llegar a cierta edad, es llegar a ser uno con nuestro Salvador, donde la vejez también puede convertirse en una etapa de generosidad y altruismo, donde podemos dar muchas cosas materiales, pero también consejo y legado espiritual. Hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efesios 4:13.

 

Cada palabra que sale de la boca de un anciano maduro espiritualmente, debe llevar no solo conocimiento bíblico, sino también agradecimiento a Dios, nuestro guardador y sudtentador, porque Dios nos ha dejado ver muchas angustias y males, pero también muchas bendiciones y justicias, como lo dice el anciano salmista en Salmos 71, que expresa la oración de un snciano; tenemos historia propia, pero también historias que contar, de situaciones propias y edificantes, en victorias y salidas del dolor; llevamos en el cuerpo las cicatrices de haber vivido con esfuerzo y sufrimiento, pero con la unción del Santo en muchos quebrantos. Porque el SEÑOR YHVH, ha sido nuestra esperanza y seguridad desde la juventud; Él no nos desecha en la vejez porque sabe que nuestras fuerzas se acaban. Dios no nos desapara, porque sabe que los enemigos acechan nuestra alma, diciendo que Dios nos olvida...Pero Dios nos levanta de los abismos de la tierra, para volver a darnos vida. Aumenta nuestra grandeza y vuelve a consolarnos. Salmos 71:9-11 y 21.


La vejez es nuestra estación de mayor responsabilidad, donde Dios nos prueba y posiciona, pues la corona de justicia de la que habla Pablo, es el galardón exclusivo para aquellos que cruzan la línea de la meta final manteniendo la fe obediente, intacta, vibrante y ardiente, y esto lo escribo, porque la filosofía del mundo ha hecho detener a muchos demasiado pronto, demeritando la evaluación personal, porque hemos confundido el avance natural del cuerpo como si fuera un permiso divino para la apatía, el aburrimiento y el desaliento, razón por la cual muchos ancianos se vuelven amargados, solitarios, y ya ni oran, se vuelven indiferentes no solo por los perdidos, sino por todos, hasta por ellos mismos, pero Dios dice: Se fiel hasta la muerte, y YO te daré la corona de la vida. Apocalipsis 2:10.

 

No se trata de comenzar bien la vida cristiana, sino de terminar permaneciendo fieles, pues Dios puede convertir nuestras heridas y sufrimientos en testimonio, y la vida no sería vida sin dificultades, porque aquellos momentos duros y difíciles que hemos atravesado en este mundo de la mano Dios, pueden convertirse en una fuente de esperanza para otros, y las lágrimas que derramamos ayer se pueden convertir en consuelo para otras personas, de tal manera que nuestra edad de oro, edad adulta y vejez esta relacionada con una vida justa, porque vejez no es cumplir muchos años, sino llegar a la vejez caminando en justicia. Bendito sea el Dios…de toda consolación, el cual nos consuela…para que podamos también nosotros consolar. 2 Corintios 1:3-4.

 

Mientras tengamos vida Dios nos sigue comisionando de acuerdo a nuestras fuerzas, preparación y perspectivas de vida, Dios quiere interrumpir y desmantelar las ideas humanas que el mundo y la ciencia han dejado en nuestra mente, razón por lo cual nos dejo su Historia Sagrada con héroes bíblicos en su ancianidad, los cuales nos sirven de ejemplo y aliento de fe; cada historia bíblica está puesta para darnos una lección inspiradora y un toque de romanticismo histórico, como precedente espiritual para aplicar a nuestra vida, porque todo en la Biblia es jurisprudencia divina que nos revela cómo opera Dios en su reino. Jóvenes y mujeres, ancianos y niños, alaben el nombre del SEÑOR, porque solo su nombre es excelso; su gloria está por encima de la tierra y de los cielos. Salmos 148:12-13.

 

Moisés no fue comisionado como libertador de Israel a sus cuarenta años, en ese tiempo cometió errores como el homicidio del egipcio, el resultado de su juventud fue el fracaso y el exilio, sus siguientes cuarenta años fueron en el desierto cuidando ovejas que no eran suyas, y llegó a los ochenta, cuando según el humanismo, nuestra vida ya va concluyendo, la belleza de su juventud solo era un recuerdo lejano, sin fruto, razón por la cual se consideró inútil delante del SEÑOR para los propósitos libertadores de su pueblo Israel. Moisés tenía 80 años y Aarón 83 cuando fueron comisionados para hablar con faraón. Éxodo 7:7;

 

La palabra desierto en el hebreo no significa abandono de Dios para morir en el olvido, es el lugar donde Dios nos apacienta y nos habla con claridad y ternura, nos instruye y transforma porque escuchamos su voz con atención y claridad, Dios nos trata fuerte en la madurez de de nuestra vida, pero Él sabe esperar que en muchos casos, nuestro vigor natural muera para que su autoridad divina nos revista de poder para enfrentar cosas tremendas, pero poderosas. Los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán, Isaías 40:31. Moisés murió a los ciento veinte años de edad, habiendo conservado hasta su último día, buena vista y buena salud. Deuteronomio 34:7.

 

En el NT este patrón continua, no cambia, vemos cómo Dios usó a Simeón y a la profetiza Ana en su avanzada edad, no se apartaban del templo sirviendo al SEÑOR noche y día con oraciones y ayunos, Lucas 2:36-40; ellos eran personas que según su cuerpo biológico lo obligaba al descanso, pero ellos se negaron a abandonar su línea de frente de batalla, su vida en el templo eran actos de guerra espiritual contra de la ceguera espiritual de las generaciones de su época; ellos son un ejemplo de fidelidad, desvelo y quebranto para nosotros hoy, sus ojos fueron abiertos para ver y reconocer lo que los sacerdotes y eruditos de su tiempo no pudieron ver ni reconocer, al Mesías encarnado. Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. Lucas 2:38.

 

En el caso de Abraham cuando toda lógica humana con su medicina, biología y diversas ciencias dicen que el tiempo ha expirado, y que el cuerpo y la matriz de Sara estaban como muertos, Dios no los llamó a descansar, los llamó a creer y crecer por lo imposible, sin importar si estaban entrados o pasados de años, porque vejez en Dios no es letargo espiritual, ni obstáculo para sus divinos propositos, es el escenario diseñado por Él para ligarnos más a su presencia y despertar el 100% de su señorío, soberanía y poder, para que sigamos siendo productivos pero a la manera de Dios. El orgullo de los jóvenes está en su fuerza; la honra de los ancianos está en sus canas. Proverbios 20:29.

 

En la vehez hay un peligro muy grande al creer que ya hemos vivido lo suficiente y que hemos leído y estudiado las Escrituras con suficiente temor, pues las tentaciones cambian según la edad y con el paso de los años; en la juventud el pecado es como un fuego que quema, es una batalla continua para apagar los gritos continuos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, pero en la vejez el infierno ajusta sus estrategias, el enemigo ya no grita, ni presiona, sino que susurra sutilmente disfrazado de algo impecable: estás cansado, ya no ores, duerme, descansa y comen bien, el enemigo nos presenta una falsa sensatez para neutralizarnos como guerreros que somos, haciéndonos creer que ya hemos cumplido, que somos inmunes, y que ya pagamos tu cuota. He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel. 2 Timoteo 4:7.

 

En la vejez vencer al enemigo es un conflicto intenso que demanda hasta la última gota de nuestra fe y aliento; el salmista sabía la guerra que enfrentaba en su vejez, pero confiaba en Dios porque conocía su amor y fidelidad; al final pudo alabar al Eterno por su redenvión y liberación de las garras del acechador de las almas. Pablo también  lo sabía, ya anciano agonizaba por la fe resistiendo las tinieblas, pero él mantuvo su lámpara encendida, hasta el mismo instante en que la espada romana cortó su cabeza; ellos son prueba irrefutable de una vida vigilante y aferrada a Dios hasta dar el último suspiro. Aumentarás mi grandeza y volverás a consolarme, y yo te alabaré con instrumentos, cantando tu verdad; mis labios se alegraran porque redimiste mi alma, y mi lengua hablará de tu justicia todo el día, por cuanto han sido avergonzados y confundidos los que procuraban mi mal. Salmos 71: 21-24.

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Y viene la segunda parte de mi testimonio llegando a los 70 años, razón de esta enseñanza, donde quiero completar mi más reciente testimonio; todo empezó con la incontinencia y la operación de la vejiga que no quedó bien porque la micción era en tres etapas, por lo cual sufría mucho cuando tenía que salir de casa, pues todo el tiempo estaba buscando un baño, el problema se había acentuado con la infección bacteriana urinaria y una bacteria resistente, por lo cual los médicos aseguraban que los resultados de mi urocultivo siempre serían positivos, porque según ellos, ya estaba colonizada, algo que yo rechacé en el nombre de Jesús; tuve que ir en dos ocasiones a urgencias, y en ambos casos me dieron hospitalización domiciliaria para aplicar un antibiótico intravenoso más fuerte, porque según el dictamen médico las pastillas ya no me obraban. YO seguiré siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas, todavía los sostendré; YO los hice, y seguiré con ustedes; YO los sostendré y los salvare. Isaías 46:4.

 

Cinco veces tuve resultado positivo de laboratorio y al final resultó otra bacteria, y nuevamente antibióticos que producían diarrea, pero después de muchas lágrimas, humillación y clamor ante el Padre y oración de las hermanas, los resultados salieron negativos, ahora sí se podían realizar dos procedimientos que neceditaba desde hacía nueve meses para observar internamente el aparato urinario. Cuando fui a donde la doctora de la Cistoscopía, abrió grandes los ojos y dijo pensé que no lo lograrías, y la cistoscopia resultó bastante dolorosa, hasta parecía que había empeorado la situación, pues la micción era más lenta, había dolor y la doctora dijo que muy seguramente me tendrían que operar, a lo cual yo dije que no quería. Tú, SEÑOR, me has hecho ver muchas angustias y males, pero volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Salmos 71:20.

 

Luego vino la Urodinamia uretral estándar, la cual resultó suave; yo había estado orando para que no tuvieran que operarme y que todo saliera bien con este examen, así fue, los resultados fueron de todal normalidad, entonces lloré mucho de alegría y agradecimiento a Dios. Él había escuchado las oraciones y había visto mí dolor y mis lágrimas, Él me sanó por su misericordia y su amor. No me deseches cuando sea viejo, no me abandones cuando me falten las fuerzas…aun cuando sea viejo y tenga canas, no me abandones Dios mío; hasta que anuncie tu poder a la próxima generación, y tus obras poderosas a los que han de venir. Salmos 71:9.

 

Recordemos por último a Salomón, porque cuando más cercanos estamos a la eternidad más sutiles y letales se vuelven los ataque del enemigo que ahora intenta adormecer el alma con pequeñas zorras cotidianas para evitarnos buscar la presencia de Dios y sacarnos de la intercesión, tornándonos religiosos, lo que antes nos hacía llorar en el altar, ahora lo justificamos o nos hacemos los indiferentes, ya no hay interés por las almas, y muchas cosas que pasan, los ancianos lo toleran; Salomón vio la shekina, pero su corazón fue dividido en la vejez, como resultado de la apostasía silenciosa y las pequeñas concesiones a lo largo de su vida; se multiplicaron sus riquezas, pero también sus mujeres, algo que Dios había prohibido. Deuteronomio 17:17.

 

Salomón no cayó por ignorancia sino por debilidad, no fue escases de sabiduría, fue orgullo intelectual no confesado, permitiendo que se apagara en él el temor reverente a Dios, el Dador de las bendiciones; en la vejez el enemigo no nos arrastra a pecados groseros le basta lograr lo que hizo con Salomón, enfriarnos y hacernos tolerantes a lo que Dios aborrece, justificando pecados del pasado y del presente, y sabemos que Dios no acepta a los que brillaron solo por un tiempo y se volvieron tibios religiosos, Él recompensa a los que perseveran hasta el fin porque quiere mostrar su gloria a través hijos y siervos fieles, firmes y perseverantes. Si hemos caminado con Cristo la vida entera, no podemos bajar la espiritualidad en la vejez, antes debemos ser más fuertes en el temor reverente a Dios, para seguir teniendo su consejo, su amistad y su ayuda, y que no nos pase como a Uzias, que habiendo sido instrumento de Dios, se enalteció para su reuina. 2 Crónicas 26:16-21.

 

Juan por su parte, cuando joven recostaba la cabeza en el pecho del Maestro, y en su vejez era un anciano venerable, tuvo el privilegio de ser el último apóstol sobreviviente, y a pesar de ser exiliado a la isla de Patmos, por causa de la palabra y el testimonio de Jesucristo, él recibió la revelación de los días finales porque hasta su ancianidad, vivía en el Espíritu, no se adormeció, se conectó al cielo buscando la revelación del Padre; sus sentidos espirituales estaban afinados para oír la voz de trompeta, y sus ojos abiertos recibieron la visión profética más grande y colosal que jamás se haya entregado a un ser humano. Yo, Juan. Soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje del SEÑOR confirmado por Jesucristo, y me encontraba en la isla de Patmos. Apocalipsis 1:9.

 

Amén, gloria a Dios por la vejez en Cristo, pero también aprendamos a hacer ejercicio, no seamos sedentarios, sino activos, bebamos agua y aprendamos a alimentarnos apropiadamente; oremos siempre y por todo, alcancemos salud, santidad y demos fruto hasta el final de nuestros días.


Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno.