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5 ene 2018

#6-CON HUMILDAD SE DESVANECE EL EGO


CON HUMILDAD SE DESVANECE EL EGO

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará. Mateo 16:24-25.

Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma. Mateo 11:29.

Vivamos como si fuéramos uno solo. No seamos altivos, juntémonos con los humildes. No debemos creernos más que los demás. Romanos 12:16.

Es increíble ver al Dios todopoderoso, grande, majestuoso, SEÑOR y Dios de todo lo creado, haciéndose Hombre y bajando a nuestro nivel humano, por amor se sacrificó a sí mismo para salvar a una humanidad pecadora que ni siquiera lo reconoce ni lo acepta; siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros como si hubiera sido un sencillo y simple hombre de esta tierra, cuando en realidad Él tenía todo el poder para permanecer en su trono celestial, pero decidió humilde y obedientemente dar su vida. Aunque Cristo era Dios por naturaleza, no se aferró a su condición divina. Al contrario, renunció a sus privilegios divinos; y humildemente adoptó la condición de un hombre natural, y se hizo siervo semejante a los hombres. Filipenses 2:6-7.

Dios lo hizo de manera magistral en sí mismo, pero con nosotros, Él usa situaciones y circunstancias sencillas y detalles pequeños en lo cotidiano para enseñarnos principios de vida que nos conducen a imitar al SEÑOR, esos detalles fue lo que me sucedió esperando el turno médico, hablando con una madre que tenía a su bebé en los brazos, conversábamos de la maternidad, de pronto recordé la frase que viví por muchos tiempo: Criar hijos y ser madre, significa morir a nosotras mismas; en ese momento, oí la voz de Dios que me decía, así es como YO pido que me ame mi pueblo, escribe una enseñanza al respecto, y aquí estoy, interiorizando y sembrando esta palabra no solo para mí, sino para quienes leen. ¡El amor de una madre es lo más parecido al amor de Dios! Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia Mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho, me incliné a ellos para darles de comer. Oseas 11:4.

El amor de Dios en Cristo Jesús nos enseña el fruto y la virtud de la humildad, uno de las cualidades más difíciles de alcanzar, pero la más poderosas para ser grandes ante Dios, una virtud valiosa que podemos poseer en Cristo y bajo la unción del Espíritu, siendo humanos, si amamos a Dios y seguimos al SEÑOR Jesucristo; alguien capaz de sacrificar su propia vida para darla por otros, fue lo que hizo Jesús en el Calvario, en un gesto de humildad y profundo amor; porque la humildad unida a la mansedumbre es demostración de riqueza, valentía y valor humano, propio de un corazón sencillo, manso y entregado al servicio de otros, para proyección de vida y propósitos eternos en Dios; aqui en la tierra lo vemos claro en una verdadera madre, pero es algo que debiera verse en todos los que nos decimos ser hijos de Dios y discípulos de Cristo. Porque el más pequeño entre ustedes, es el más grande en el reino de los cielos. Lucas 9:48.

Dios nos está hablando que este es el tiempo oportuno para mudar y rehacer nuestra existencia a la Luz de Cristo y las riquezas de Las Escrituras, antes que lleguen los días malos, es una alerta y una oportunidad para reconsiderar nuestra manera de vivir y provocar que Jesucristo haga en nosotros una genuina Renovación para actuar y pensar como santos de Dios, humildes y mansos que practican el amor hasta el sacrificio, entonces podremos ser instrumentos de bendición en las manos de Dios, sirviendo con corazón afectuoso y sincero para que oremos como el salmista. Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda maldad y límpiame de mi pecado. Salmos 51:1-2.

La humildad es sencillez de vida sin apariencias siendo auténticos, no es señal de debilidad, es un gran atributo de fe, carácter amoroso, determinado y perdonador, con una personalidad compasiva y bondadosa que lo da todo para ayudar a otros hasta el sacrificio, pasando por alto toda ofensa y deslealtad; fue exactamente lo que hizo Jesús por nosotros en su sacrificio y muerte propiciatoria a nuestro favor. Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, Mateo 16:24

Nuestro SEÑOR Jesús vivió esta palabra y así la vive una buena madre que se olvida de sí misma, dando su vida, sus fuerzas, su atención y su servicio a favor de los hijos que ama, con humilde actitud sacrificial se desvela, pasando por alto sus propios dolores, y se entrega por completo a dar todo lo mejor de sí misma por sus hijos; una mujer disponible 24/7 para sus críos todo el tiempo, hasta dar su vida por ellos, así fue al acto de humildad y profundo amor salvador de nuestro Elohim, Así también, ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en unión con Cristo Jesús, Romanos 6:11

La mejor forma de menguar y morir a sí mismos es con humildad, con ella no hay ego inflado, Dios nos conduce a la aceptación de nuestros defectos, debilidades y limitaciones humanas, pero también, somos conscientes de todas nuestras virtudes, capacidades y fortalezas, con una visión equilibrada de sí mismos, haciéndonos fuertes en Cristo, sanados del orgullo, robustos en la fe y confianza en Dios y claros en nuestro auto concepto, porque hay un balance de lo que somos, con nuestra necesidad constante de Dios; cargamos la cruz de la lucha diaria para negarnos y morir a la vanagloria, los apegos, pasiones y hábitos poco saludables para el cuerpo y el espíritu; con humildad lo eterno se hace importante, mientras lo terrenal va perdiendo importancia, Cristo toma la preeminencia y prioridad que le corresponde en nuestra vida, pues sabemos por el SEÑOR que del corazón proviene la vida o la muerte…Mateo 15:11-20.

Es con nuestra humildad que promovemos ambiente de tranquilidad, amabilidad y pacíficas relaciones de amor, respeto y aceptación mutua, generando vínculos duraderos, estables y sólidos, para que todos nos sintamos bien estrechando lazos de amistad y fraternidad, generosos y dispuestos a ayudarnos unos a otros. Con humildad hacemos posible el diálogo, y el acuerdo sin imponer nuestro punto de vista, ni los caprichos del ego; cuando somos humildes, hablamos menos y escuchamos más, porque generamos empatía genuina sin hipocresías; tampoco nos frustramos con conceptos y opiniones contrarias a las nuestras, pues entendemos que todos tenemos derecho al propio punto de vista siendo únicos e irrepetibles a la imagen de Dios, para cumplir con humilde obediencia la palabra. Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Efesios 4:2.

La humildad bíblica contiene grandes beneficios y conlleva mucha bendición como padres, como hijos, como esposos, como cuerpo de Cristo, sin divisiones ni contiendas, sino con sabiduría de Dios resolviendo los conflictos, aclarando los problemas, dirimiendo las diferencias, perdonando con facilidad, porque la humildad nos hace sensibles al Espíritu Santo; ser humildes significa tener emociones sanas contralados por el Espíritu de Dios, significa tener consciencia de que somos nuevos en Cristo y por consiguiente dejamos de vivir por esfuerzo propio, ni pensando en cómo nos promueven, sino que todo lo que hacemos es para ser fructífero y agradables a Dios, pues es Cristo quien obra en nosotros, y esa debe ser la esencia de la vida cristiana, viviendo por amor humillados para Dios y al Evangelio, no para recibir prebendas...Miraré a todo aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla ante mi palabra, Isaías 66:2. El Padre Encaminará a los humildes por el juicio, y enseña a los mansos su camino. Salmos 25:9.

Cuando somos humildes, Cristo será el primero en todo lo que somos y hacemos, nuestra vida estará en armonía porque vivimos el orden establecido por Dios, obedecemos su palabra, seguimos a Cristo y nos ajustamos al diseño divino donde todo gira alrededor del amor a Dios, Cristo estará por encima de los demás amores y Él se hará cargo de lo nuestro, Él cuidará muy bien a nuestros seres amados, estaremos seguros, gozosos y plenos en Él, aunque tengamos que sufrir y morir en algún momento. Nuestro menguar y morir a sí mismos cobra importancia cuando somos humildes y mansos como lo fue Jesús. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien con humildad, considerando a los demás como superiores a nosotros mismos. Filipenses 2:3.

Definitivamente la humildad que Jesús nos pide al decir que seamos mansos y humildes como Él tiene un valor superlativo si deseamos disfrutar una vida cristiana a plenitud: 1) Nos transforma y nos cambia de manera extraordinaria; 2) Fortalece sanamente nuestro auto concepto personal, siendo realistas de nuestra necesidad continua de Dios, porque somos temporales, débiles y vulnerables; 3) Desaparecen temores de inutilidad y torpeza, cuando nos equivocamos, tratamos de resolver los impases, encaramos toda situación con firmeza, fuerza, determinación, fe, y optimismo porque entendemos que los retos de la vida son grandes. Vivan en armonía unos con otros, no sean arrogantes, sean solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. Romanos 12:16.

4) Crecemos, maduramos y somos mejores seres humanos a imagen de Dios; ser humildes no se trata de ser simples, básicos ni conformistas, sino de adquirir la capacidad de ser enseñables y aprender de los errores y abrir la mente, a las nuevas ideas que puedan surgir, pero no alcahuetes; la humildad con sabiduría de Dios nos lleva a avanzar en el reino de Dios y crecer como hijos de Dios, discípulos de Cristo y ciudadanos del reino; la humildad resulta algo sencillo si andamos en el Espíritu, porque somos nosotros los que nos complicamos la vida creyéndonos sabiondos, pero si humildemente reconocemos que no lo sabemos todo y necesitamis tanto de Dios como de las demás personas que nos rodean, se cambiará la imperfección humana por la perfección en Cristo y nos sentiremos a gusto unos con otros; con humildad disfrutamos de paz interior y somos más proclives a pensar y analizar antes que reaccionar, porque ser humildes nos hace más espirituales para discernir con sabiduría de lo alto. Por lo tanto, como hijos amados de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable, bondad, humildad, amabilidad y paciencia. Colosenses 3:12.

Cuando somos humildes como Jesús, podemos ser flexibles, libres de dogmas y legalismos, somos hacedores de fe, dejando de lado la soberbia, la vanidad, la codicia, la avaricia y la idolatría, porque la humildad nos hace libres para desarrollar un pensamiento crítico y positivo sobre la base del afecto y el respeto al otro; humildad es sumisión, es adaptabilidad y rendición para ser gobernados y aconsejados por el Espíritu y por los santos de Dios. Que la belleza de ustedes NO SEA EXTERNA…que su belleza sea incorruptible, que proceda de lo íntimo del corazón…con un espíritu suave y apacible. Esto es lo que tiene mucho valor delante de Dios. 1 Pedro 3:3-4.

Ser humildes y mansos nos facilita ser santos porque dependemos de Dios no de nosotros mismos, y la humildad nos hace servidores incondicionales. Humíllense delante del SEÑOR, y Él los exaltará, Santiago 4:10. La mansefumbre y la humildad nos ayuda a cultivar un corazón genuino, limpio y sincero, aceptando y enfrentando las pruebas y necesidades con un espíritu dócil y sin quejas, entregados a la voluntad del Creador, no hacemos reclamos, ni estamos tristes, sabiendo que vivimos para el Dios Todo Suficiente, que no abandona la obra de sus manos, sino que nos renueva para la santificación y el moldeo de carácter que dura toda la vida hasta asemejarnos al Hijo, ayudándonos a mantener los ojos en el Rey de reyes. Porque el altivo será humillado, pero el humilde será enaltecido. Proverbios 29:23.

Cuando somos humildes podemos reconocer que todo lo que somos y tenemos proviene de Dios y en Él somos verdaderamente fuertes y sabios para saber vivir en un mundo tan contaminado, depositando nuestra confianza total en el Padre y dependiendo de la guía del Espíritu, asi veremos minimizada la carnalidad y las dificultades, se reducirá el tamaño de los problemas y se hará más sencillo lo complejo, porque la grandeza, poderío y majestad de nuestro Padre y Salvador hará milagros mientras esperamos pacientemente en Dios y la respuesta del SEÑOR de gloria, Él dirá SÍ o NO, y nosotros aceptaremos su voluntad. Porque la recompensa de la humildad y del temor a Dios son las riquezas, la honra y la vida, Proverbios 22:4.

Es la humilded de espiritu que nos ayuda a renunciar a sí mismos y que vivamos para Dios, ese Gran Mandamiento de amor y prioridad; con humildad y mansedumbre nos apasionarnos por Él Dueño de todo, nos centramos en la fe obediente y alegramos el corazón de Dios porque lo hacemos todo con la sencillez y la espontaneidad de un niño que se sujeta a su Padre, pero ese someternos a Jesús es nuestra decisión, sentir y pensamiento constante, para acabar con el orgullo, la soberbia y la vanagloria que impide conocer a Dios para ordenar la vida. 2 Corintios 10:5. ¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría. Santiago 3:13.

Según la palabra de Dios, humildad es ausencia del ego humano para someyernos a la voluntad, plan y propósito de Dios en nuestra vida, es una humildad que se vive desde el corazón y la mente para que repercuta en el cuerpo, la vida y la cotidianidad rendidos a Cristo, pobres en espíritu; la humildad es un prerrequisito para alcanzar salvación y vida eterna para participar de los sufrimientos de Cristo crucificándonos juntamente con Él en lo tocante a la fe y la vida íntegra; la humildad es una tremenda arma contra las tinieblas y el mundo, porque nos produce liberación de las debilidades y falencias propias para no sentirnos menos ni más que los demás. Yo también tengo inteligencia como ustedes, no soy inferior a ustedes. ¿Y quién no sabe esto? Job 12.3.

Dios es bueno y misericordioso, no quiere que nadie se pierda, sino que todos se arrepientan y se vuelvan a Él, 2 Pedro 3:9; El SEÑOR conoce a los que le pertenecen, y todos los que invocan el nombre del SEÑOR Jesús, deben apartarse de la maldad. 2 Timoteo 2:19. Con humildad nos ejercitamos a morir al ego bajo el poder de Dios, sujetos a su señorío para servir y amar predicando con vidas sencillas de fe y con testimonio, porque los hechos hablan más que mil palabras. Dios ha escogió lo más bajo y despreciado del mundo, los que no eran nada, para anular a los que son algo, con el fin de que nadie se jacte en su presencia. 1 Corintios 1:28-29.

Se requiere humildad para morir a sí mismos, porque eso exige pagar el precio del sacrificio, la perseverancia y la disciplina para ver el fruto de una vida apartada para Dios y productiva en su reino. A los honores le precede la humildad, Proverbios 18:12; A Jesucristo le corresponde crecer, a mí menguar Juan 3:30

Finalmente, ser humildes y sin ego, nos permite ser verdaderas vasijas de honra para Dios, vasijas llenas del aceite fragante y fresco del Espíritu como genuinas ofrendas vivas, porque para eso vino Cristo, a matar nuestro ego y renovar nuestra vida dejándonos ejemplo de humildad, mansedumbre y santidad para que el Padre celestial un día pueda decir de cada uno de nosotros como dijo del Unigénito: Este es mi hijo amado y me complazco en Él. El SEÑOR es Bueno y justo, Él corrige la conducta de los pecadores; guía a los humildes en justicia, y enseña a los mansos su camino. Salmos 25: 8-9. 

OREMOS DICIENDO:  Perdoname SEÑOR cuando me ensoberbezco, arranca de mi alma la vanagloria del mundo, porque, ¿quién se da cuenta de sus propios errores? ¡Perdona SEÑOR mis faltas ocultas! Desarraiga el orgullo de tu sierva; no permitas que me domine la altivez de espíritu, ayúdame a ser una humilde y mansa hija tuyá para que esté libre de pecado. Sean aceptable a tus ojos mi vida y mi comportamiento; que los pensamientos de mi corazón y palabras de mi boca salgan cargados de amor y bondad y que sean alabanza en tu honor, pues solo Tú eres mi Dios y mi Salvador, eres el único refugio y libertador para mi alma, en Cristo Jesús.  Amén.


Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno.