En verdad, en verdad les digo: el que cree en Mi, tiene vida eterna. YO SOY el pan de vida. Juan 6:47-48.
YO SOY el pan vivo que descendió del
cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; el pan que YO doy es mi
propia carne, la cual YO daré por la vida del mundo. Juan 6:51.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna; y YO lo resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es
verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre, en Mí permanece, y YO en Él. Juan 6:54-56.
Centraremos esta enseñanza en el texto de Juan 6, donde el SEÑOR Jesús describe un misterio que, hasta hoy, para muchos es algo inentendible y extraño, pero profundo y lleno de amor salvador al decir: El que come mi carne, y bebe mi sangre tiene vida eterna y YO lo resucitaré en el día postrero…Juan 6:54.
Este pasaje es uno de los más profundos en el Evangelio de las Buenas Noticias, pues el SEÑOR no hablaba de comer su carne, ni beber su sangre de manera literal, Jesús estaba refiriéndose a nuestra unión espiritual con Él, cuando creemos y lo aceptamos como único Dios Salvador, porque el que reconoce y recibe en el corazón a Jesús, como suficiente Salvador, cree en su vida y sacrificio como lo dice La Escritura; es un cristiano que se santifica, se rinde a Jesús de manera total, y participa de la Santa Cena para recordar el valor de la redención eterna que debemos cuidar; tener al SEÑOR como Salvador no es un simple acto físico visible, es algo espiritual, sincero y profundo. Jesús acababa de alimentar a más de cinco mil personas y la multitud lo seguía porque habían recibido pan, entonces Jesús los llevó a un nivel mucho más alto del mensaje. Jesús les dijo: la verdad es que ustedes me buscan, no por las señales que han visto, sino porque comieron el pan y se saciaron. Trabajen no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él señaló el Padre. Juan 6:25-27.
Aquí Jesús se identifica como el verdadero pan del cielo que sacia toda clase de hambres, YO SOY el pan de vida, el que a Mi viene, nunca tendrá hambre. Juan 6:35, Al mismo tiempo Jesús anunciaba su entrega y su muerte humana para salvar a la raza humana de la condenación eterna, lo cual nos aclara que comer su carne significa creer en Él y su sacrificio para recibirlo como SEÑOR y Dios porque Él la fuente de nuestra vida abundante en la tierra y vida eterna después que morimos; lo cual se ratifica cuando dice que el que viene a Él no tendrá hambre, y el que en Él cree no tendrá sed jamás, habiendo una correspondencia entre venir a Cristo para comer su pan espiritual, y creer en Él por la fe, es beber las aguas vivas del Espíritu que viene a residir en cada cristiano cuando nace de nuevo, porque con su sacrificio sana nuestro cuerpo y con su sangre limpia nuestra conciencia de maldad para reconciliarnos con el Padre. El pan que YO doy es mi carne, porque pongo mi cuerpo en la cruz por la vida de la humanidad. Juan 6:51.
Jesús usa un lenguaje comparativo de parábolas, no un lenguaje literal, es un lenguaje espiritual, de que así como su cuerpo físico fue partido y traspasado en la cruz y su sangre fue derramada físicamente, cuando recibimos la Santa Cena, y comemos el pan y el vino, recordamos su sacrificio y que Él vive en nuestro ser porque lo aceptamos como Salvador, y le abrimos el corazón para que Él resida como único y suficiente Salvador y SEÑOR; comer su cuerpo, es comer el pan, y beber su sangre es beber el vino, lo hacemos con elementos que representan el cuerpo llagado y la sangre que brotó de Él en la cruz; por eso es lindo participar de La Santa Cena, rememorando que lo que Dios hizo físicamente, como el Hijo del Hombre, ahora lo disfrutamos espiritualmente, y debemos ser agradecidos por la salvación, recordándo de dónde nos sacó el SEÑOR, por eso Pablo dice: Así, pues, todas las veces que coman este pan, y beban esta copa, la muerte del SEÑOR anuncian hasta que Él venga. 1 Corintios 11:26.
Comer su carne y beber su sangre se trata de escuchar a Jesús reconociendo que Él existió como ser humano en la tierra, que no vivió para Él mismo, sino para cumplir la voluntad del Padre, y salvarnos como un regalo de amor, y mientras estamos aquí nos alimentamos de su presencia cada día para persistir en la fe y nuestra comunión con Él, oramos y buscamos su rostro, aunque Él está entronado en nuestro corazón, tenemos que invocarlo para que presida nuestra existencia. Jesús les dijo: de cierto, de cierto les digo, Moisés no les dio el pan del cielo, pero mi Padre les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan que Dios da, es Aquel que descendió del cielo y da vida a todo aquel que cree. Juan 6:32-33.
Beber su sangre, donde
la sangre representa la vida, como lo dice Levítico 17:11, Jesús dice algo extraordinario: Reciban vida porque YO la entrego para
darla por ustedes,
así Jesús anticipa que morirá y derramará su sangre en la cruz, por eso en la
última cena, Él relaciona directamente el partimiento del pan y la copa de vino
co su sacrificio redentor, a lo cual llama Nuevo Pacto, en su cuerpo y su
sangre, Lucas 22:20; su carne es su cuerpo herido y
traspasado sacrificado en la cruz por ti y por mi, estableciendo así el Nuevo
Pacto Salvador por gracia; Pablo en el NT inspirado por el Espíritu Santo
enseña: En Cristo
tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su
gracia. Efesios 1:7.
Pues la ley exigía que
todo fuera purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay
perdón de pecados. Hebreos 9:22.
También comer su carne
y beber su sangre significa permanecer en Cristo, porque no se trata de solo
recibirlo, sino de permanecer unidos y ligados a Él en espíritu y verdad;
entonces la palabra clave a ese comer y beber es permanencia y compromiso para
vivir con Cristo para siempre, entronando a Cristo en el corazón, aceptándolo
por fe para tener vida abundante en la tierra y vida eterna después de morir, así
como las ramas permanecen unidas al Árbol de Vida para dar fruto, y cada uno
como miembro de su Cuerpo, la Iglesia, somos parte de su plan salvador. Permanezcan en Mí, y YO permaneceré en
ustedes. Juan 15:4.
Así como el pan existe,
pero no alimenta ni sacia el hambre si no se come, no basta con saber que
Cristo está cerca, sino que hay que recibirlo por fe, lo cual no es pensar
intelectualmente que Jesús está vivo y existe, sino que se necesita confiar en
que su persona espiritual nos rodea y podemos confiar en Él e invocarlo en todo
momento de necesidad, siendo conscientes de su obra redentora para consagrarnos
y depender de Él; el mensaje es permitir que su vida en nosotros nos transforme
desde adentro hacia afuera, y todo esto tiene una relación directa con la Santa
Cena que nos recuerda su redención, y debemos distinguir claro este misterio,
como Jesús lo dijo en la última cena al partir el pan y tomar la copa. Esto es mi cuerpo, que por ustedes es
dado. Lucas 22:19, y esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por muchos
es derramada, Lucas 22:20; y el que cree en Mí tiene vida eterna. Juan 6:47.
La Cena del SEÑOR nos
recuerda su sacrificio y proclama su muerte por ti y por mí, Pablo lo expresa
así: Todas las veces que
coman este pan y beban esta copa, la muerte del SEÑOR anuncian hasta que Él
vuela.1 Corintios 11:26. La profundidad del mensaje es que toda la vida procede de
Cristo, y la santa cena apunta hacia esa realidad. Celebrar la Santa Cena es
algo maravilloso que merece reverencia y respeto, porque no es un simple rito,
es un recordatorio de vida plena en Cristo; muchos discípulos se escandalizaron
cuando Jesús dijo estas palabras y respondieron: Dura es esta palabra; ¿Quién la puede
oír? Juan 6:60.
Esto es lo mismo que
sucede hoy entre muchos creyentes que no entienden y cuestionan este misterio
salvador, pues piensan en términos materiales y físico, por no estar en el Espíritu,
pero Jesús nos lleva del pan y la sangre físicos, a la realidad de su
existencia y su pacto salvador y nos aclara: El Espíritu es el que da vida, y la carne para nada
aprovecha; las palabras que YO les hablo son espíritu y son vida. Juan 6:63.
El mismo SEÑOR Jesús nos
da la clave: Mis palabras son Espíritu y son vida, de donde comer su carne y
beber su sangre, implica poner en marcha la fe para creer todo a cerca de Jesús
como lo dice la Escritura. Él dio su vida por nosotros y debemos recibir esa
vida en amor, porque es el centro del Evangelio. También hay un paralelismo
precioso con el maná que los israelitas comieron en el desierto, pero finalmente
murieron, pero tener a Jesús como Salador, nos mantendrá vivos para Dios, por
la eternidad. Su padres
comieron el mana en el desierto y murieron, Juan 6:49, pero YO SOY el pan de
vida; el que a Mí viene nunca tendrá hambre, , y el quer en Mí cree, no tendrá
sed jamás. Juan 6:35.
La diferencia es
enorme, el maná sostuvo temporalmente el cuerpo de los israelitas en el
desierto, pero Cristo el pan vivo, provee vida eterna; el mana sostuvo l vida
física del pueblo durante un corto tiempo, Jesús nos alimenta y sostiene toda
la vida de nuestra peregrinación, como verdadero alimento espiritual que conduce
eternamente, pues Él habita en nosotros y nosotros formamos parte de la nación
santa de reyes y sacerdotes que Él fundo en su cuerpo. YO SOY el pan que desciende del cielo,
para que el que, de Mi coma, no muera. Juan 6:50; Dios muestra su amor para con
nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8.
Esta es la verdad
extraordinaria de este texto en el NT, nuestra unión con Cristo por fe y por
amor, Pablo entendiéndolo lo expresó así: Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo,
sino que Cristo vive en mi. Gálatas 2:20. Por lo cual comer la carne y beber la sangre
de Cristo es negarnos a nosotros mismos para que Él se muestre a través de
nosotros, y recibamos sus bendiciones cuando Jesús se convierte en centro y
prioridad de nuestra vida, porque Él es la palabra viva que alimenta nuestro
espíritu, fortalece nuestro cuerpo y libera nuestro espíritu, fundamentados en
su perdón salador. La vida en Cristo toma valor y su voluntad comienza a
gobernar nuestro andar diario haciéndonos participes de su resurrección; pues
Él resucitó en cuerpo, pertenecemos a Él comprados a precios de sangre y
permanecemos ligados a Él por medio de su Espíritu Santo. El que come de este pan, vivirá
eternamente. Juan 6:58.
Toda esta bella
revelación es una progresión: el Pan es Cristo en la cruz y su sangre es fuente
de vida; Jesús comenzó hablando en misterio de hambre, pero terminó hablando de
vida eterna y resurrección en Juan
6, lo cual no es una simple enseñanza sobre
comida ni bebida, es un mensaje de salación y vida, palabra difícil de entender
para muchos. Una revelación de Jesucristo como el alimento celestial del Padre para
el alma humana. No se trata de entender lo que Jesús quiso decir, sino de saber
que Él es nuestro alimento sustentador para todo nuestro ser en Él. Y esta es la voluntad del que me envío:
que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna; y YO lo resucite
en el día postrero. Juan 6:40.
Y conociendo esta revelación, ¿Cómo está tu vida espiritual? ¿Solamente hablas de Jesús o vives en Él?
El viaje de la vida es corto, algunos mueren al nacer, otros cuando son niños, otros en su temprana edad, jóvenes, adultos y algunos más favorecidos son aquellos que completan su ciclo vital quizá hasta los 80, 90 o más años, pero lo importante de todo no es el tiempo que estemos en esta tierra, sino estar seguros de quienes somos, y a dónde vamos, teniendo seguro el lugar de destino final para la eternidad de nuestra alma. Porque En ningún otro hay salvación; pues no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en quien podamos ser salvos. Hechos 4:12, y Solo en Dios halla descanso mi alma, pues de YHVH viene mi salvación, Salmos 62:1.
¿Por qué posponer nuestra salvación? ¿Por qué esperar hasta el último momento algo importante eternamente como el destino de nuestra alma y la bendición de saber todo con relación al acto salvador del SEÑOR Jesucristo, para estar junto al Creador desde la tierra y por la eternidad? Es un gran riesgo y un peligro no ser salvos mientras estamos aquí conociendo la profundidad que contempla el acto sacrificial y profundo de nuestro Salvador, el Dios vivo, real y verdadero que bajo del cielo que se hizo Hijo del Hombre en su carne y en su sangre. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, YO se los habría dicho; voy, pues, a preparar lugar para ustedes, Juan 14:13..
La oportunidad de
cambio y vida nueva comienza desde el mismo momento que nos arrepentimos y
recibimos a Jesucristo en el corazón como Salvador, por un acto de fe. Porque
con el corazón se cree para ser justificados, pero con la boca se confiesa para
ser salvos. Romanos 10:10..
Muchos ya tienen un lugar asegurado en el infierno y no se han dado cuenta; hoy Jesús toca a tu puerta y el Padre te habla, no endurezcas tu corazón ni permitas que se siga cauterizando el corazón con la carga del pecado, porque mañana podría ser demasiado tarde. El día de salvación es hoy. ¡No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. 1 Corintios 6:9-10.
Jesús enseña que
seamos como niños, porque los niños tienen un corazón sincero para creer, son
espontáneos y tiernos para responder rápidamente a la voz de Dios; se cómo niño
y permite que Jesús lave tus pecados y salve tu alma, porque El Eterno
dice: En el momento
propicio te escuché, y en el día de salvación te he socorrido. Les digo ahora
es éste el momento propicio de Dios; ¡Hoy es el día de salvación! 2 Corintios 6:2.
Nadie más, excepto
nuestro SEÑOR y Salvador Jesucristo puede salvar y dar vida; así que cualquier
santo, cualquier virgen, ni las almas de los muertos o del purgatorio que no
existen, ni los ídolos de figuras religiosas, los fetiches, ni ningún agüeros o
amuleto te puede salvar; solo Cristo, Dios hecho Hombre, tiene el poder de
perdonar pecados y salvar a los que se acercan a Él con corazón sincero, Así que, los cobardes, los incrédulos,
los abominables, los asesinos, los hechiceros, los inmorales, los idólatras y
todos los mentirosos, tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y
azufre, que es la muerte segunda. Apocalipsis 21:8.