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24 ene 2026

RAÍCES Y ALAS

 

RAICES Y ALAS

Bendito todo aquel que confía en YHVH y cuya confianza es Dios. Será como árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echa sus raíces, y no verá cuando viene el calor, porque sus hojas estarán verdes; en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Jeremías 17:7-8.

Los que confían en el SEÑOR tendrán siempre nuevas fuerzas, podrán volar como las águilas; correrán sin cansarse y caminarán sin fatigarse. Isaías 40:31.


Por lo tanto, de la manera que han recibido al SEÑOR Jesucristo, anden en Él; arraigados y sobreedificados en Él, confirmados en la fe, así como han sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Colosenses 2:6-7.


Cada día me asombro de la abundante riqueza en la Biblia, Jesús tuvo razón al llamar su palabra la perla de gran precio, porque es el único libro que permanece vivo y lleno de tesoros para nunca acabar; podemos encontrar en ella fundamento de principios y enseñanzas de vida, y lo mejor de todo, es que Dios está ahí, inspirándonos, para conocerlo cada vez más y ser más parecidos a su Santo Hijo, nuestro Salvador Jesucristo que hoy reina en nuestros corazones a través del Gran Ayudador, Consejero, Intercesor y amigo fiel, el maravilloso Espíritu Santo de Dios que Jesús nos dejó y nos selló como su propiedad redentora, ganados en su sacrificio, limpios en su sangre derramada y vivos en su resurrección; Él es la fuente de vida que calma toda sed y la raíz espiritual de nuestra fe salvadora, Él es el origen de todo lo bello y lo bueno del sustento del cristiano, Él mismo lo afirmó:…YO SOY la raíz y descendencia de David, la brillante estrella de la mañana. Apocalipsis 22:16.


Este tema es maravilloso, nos presenta una hermosa imagen bíblica de lo que somos, podemos y tenemos en Cristo, lo cual nos da valor y fortalece nuestro ser integral inspirándonos a vivir, trabajar y consagrarnos para Dios, llegando a ser como águilas que vuelan y se remontan hasta las alturas del Eterno Rey del universo; pero para crecer y avanzar espiritualmente primero requerimos tener raíces arraigadas y cimentadas en el SEÑOR y su palabra; en hebreo raíz es shoresh, significa origen de donde procede la vida, y en griego es rhíza que significa fundamento y base vital; la raíz que es Dios, es el origen de nuestra vida espiritual de donde fluye la sabia de la vida y todo lo mejor para el ser humano, porque Dios es el fundamento que nos sostiene a cada paso. Mi raíz se extiende hacia las aguas, y el rocío de la noche se posa en mis ramas. Job 29:19.

 

El SEÑOR Jesús, es el agua viva que calma toda clase de sed y riega el plantío del Padre, una preciosa analogía entre la naturaleza y los hijos de Dios, dentro de un ciclo continuo de vida, poder, fuerza y transformación enraizados en Cristo; en Él nacemos de nuevo como semillas que estaban secas, pero reverdecen, crecen y van madurando para dar mucho fruto en el reino; también es maravilloso saber que somos guiados y protegidos bajo las alas del Espíritu Santo cuando dependemos de Él, que nos aconseja y dirige para cumplir nuestro propósito y sentido de vida. Como un águila que aviva a sus polluelos y revolotea sobre sus crías, así el SEÑOR desplegó sus alas para tomarnos y alzarnos para mantenernos a salvo sobre sus plumas. Deuteronomio 32:11.


Enraizados en Dios es una extraordinaria metáfora espiritual que describe la vida fundamentada en la fe por la conexión constante con Dios y su reino, y lo vemos en Colosenses 2:7, que nos exhorta como creyentes cristianos a estar arraigados, cimentados y sobreedificados en Cristo, lo cual implica: Estabilidad emocional, para ser como árboles con raíces profundas, donde el cristiano no se tambalea ante las crisis o las tormentas de este mundo. Nutrición espiritual, que nos impulsa a buscar sustento espiritual diario a través de la oración y la meditación en la lectura biblica, como se describe en Salmos 1. Crecimiento constante, es donde la raíz no se ve, pero es la que permite que el fruto del Espíritu como la paz, la alegría y el propósito de vida sean visibles ante los demás; todo lo cual nos remonta a las alturas espírituales de la vida abundante en la esencia de la santidad y el testimonio de una correcta y verdadera vida cristiana. Con Cristo he sido crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Gálatas 2:20.

 

Crecer sobre raíces de principios espirituales firmes en la práctica, nos ayuda a desarrollar las alas fuertes que necesitamos para volar sobre el mundo, pero primero hay que echar raíces profundas en Dios y su palabra, afianzando nuestra fe y conocimiento de Él; alcanzar alas para llegar a las alturas de Dios depende de una profunda relación y comunión con el Salvador, porque en Él están nuestras raíces profundas que afirman y sostienen nuestro caminar cristiano, para ser hijos fieles y discípulos esforzados que siguen a su SEÑOR, y también Dios nos llama a volar como águilas junto a Él en las alturas de la santidad y la integridad pues no somos aves de corto vuelo como las gallinas que solo miran al suelo picoteando para encontrar alimento; vivimos y nos movemos en la Roca más alta donde plantamos y edificamos nuestra vida, para no perecer fácilmente en las tormentas del mundo, sino que hacemos frente a ellas. Dios nos cuida como a la niña de sus ojos y nos protege bajo la sombra de sus alas. Salmos 17:8.

 

Es en Jesucristo y su palabra donde nos enraizamos espiritual e integralmente para tener vidas rectas extendiéndonos hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra, para permanecer arriba y no abajo, pues somos cabeza y no cola, estamos por encima y no debajo, somos luz desde arriba sobre las tinieblas de abajo, razón por la cual el SEÑOR nos da promesas en Deuteronomio 28:13, si escuchamos y obedecemos sus mandamientos; y aunque muchos anhelen grandes alturas, no lo lograrán si no son espirituales y no tienen sus fundamentos en Dios y su palabra, lo cual requiere de nuestro compromiso y fidelidad al SEÑOR en la profundidad bíblica que nos cimenta en la fe y forma en nosotros el carácter de Jesucristo para tener vidas conforme al diseño y voluntad de Dios. La maldad no puede darle firmeza al malvado; solo los justos tienen raíces firmes y profundas. Proverbios 12:3.

 

Mientras las alas nos elevan hasta Dios, la raíz nos conserva conectados a la fuente, engrosando y fortaleciendo el árbol de nuestra vida, nutridos por la sabia celestial de la palabra, en oración constante, dependencia y obediencia a Dios conservando un corazón humilde y manso; y nos enraízamos para ser instrumentos útiles en las manos de Dios, sirviendo en su reino con justicia; porque la oración nos da alas de libertad y paz en medio del caos del mundo, asi vamos desarrollando discernimiento y visión clara en tiempos proféticos y de densa oscuridad. Fortalecidos y renovados en nuestro ser interior, pero los que no oran, ni escudriñan la palabra, no son amigos de Dios, por eso se rinden y caen facilmente. Feliz todo aquel que no anda en el consejo de los malos; ni está en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se sienta, sino que en la ley de YHVH se deleita, y en su palabra medita día y noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da fruto a su tiempo, sus hojas no se caen; y todo lo que hace prospera. Salmos 1:1-3.

 

Dios nos ordena y nos llama no solo a echar raíz, Colosenses 2:6-7, sino a levantar alas como de águila porque ambas cosas se necesitan para llevar una vida plena en Dios, manteniendo certeza de fe y de verdad ante tanto engaño que pulula por el mundo, asi no somos derribados en las pruebas, porque con la raíz absorbemos el alimento necesario para crecer en la comunión con Dios; la raíz también nos da la identidad que nos define y nos hace diferentes, sabiendo de dónde venimos y a dónde vamos, pues hemos sido plantados e injertados en la Vid Verdadera, para estar bien enraizados, lo cual significa ser uno en Cristo siguiendo su ejemplo y yendo tras sus pisadas. YO SOY la vid, ustedes las ramas, el que permanece unido a Mí y YO en él, dará mucho fruto; pues separados de Mí, nada bueno pueden hacer. Juan 15:5.

 

Para echar raíces en Dios y su reino, necesitamos conocer a Dios en su palabra y comunión con Él, afianzando así nuestra certeza de fe en la obra redentora del SEÑOR Jesús, seguros de ser salvos en Él, porque sin fe es imposible agradar a Dios, Hebreos 11:6, y solo en Cristo somos santificados, vivimos en el Espíritu y la verdad de su palabra, Juan 17:17; aprendemos a ser dóciles y enseñables bajo la practica del principio de obediencia a Dios, Juan 14:21; moviéndonos sobre la base del amor que es Dios mismo, la esencia del evangelio, raíz y fundamento de nuestra existencia y todo lo creado. Efesios 3:17.

 

Las alas representan la fe activa del fruto en dependencia al Espíritu Santo, las alas son la capacidad que Dios nos da para levantarnos, elevarnos, avanzar para cumplir su voluntad, propósito y encomienda personal en el poder del Espíritu Santo que nos habita; alas en hebreo es Kanáf, significar cobertura y extensión, en griego es Ptéryx, significa único medio para volar y elevarse sobre las circunstancias; espiritualmente las alas representan la acción y el mover del Espíritu Santo que nos guía en la fe, nos inquieta a la oración, nos ayuda en la obediencia y nos mantiene en la esperanza de vida eterna, asi que si alguno no tiene raíz, su fe es débil, y carece de fuerza en las alas, por eso muchos se estancan y no pueden avanzar como debieran; asi que, requerimos tanto de raíz como de alas para vivir en la plenitud de Dios, por lo cual nos conviene a todos conocer la parábola del sembrador en Marcos 4:1-20, pero Los que esperan en el SEÑOR, renovarán sus fuerzas. Se remontarán a las alturas con las alas del águila, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. Isaías 40:31.

 

Si estamos enraizados en Dios y su palabra, el Espíritu Santo nos podrá llevar en sus alas por encima de toda circunstancia, prueba y desierto, viendo horizontes nuevos, claros y mejores en la grandeza de Dios, para no huir de los problemas, sino enfrentarlos, estando por encima de toda oscuridad, viviendo en la Luz y emanando sus rayos como antorchas que alumbran en Cristo, nuestra confianza está puesta en Dios y no en el mundo, así disfrutamos de dominio propio, haciendo carne la palabra, porque el remedio para los grandes problemas es tomar las cosas con calma, lo cual solo proviene del Espíritu de Dios, Eclesiastés 4.

 

Humanamente no nos enraizamos nosotros mismos, ni tampoco levantamos alas como quisiéramos o imaginamos, sino que es el gobierno del Espíritu Santo el que dirige nuestro caminar cristiano, pues todo lo natural se fundamenta en lo espiritual, y logramos grandes cosas si nos hemos abandonado en los brazos y la voluntad del Padre celestial, algo que cuesta y requiere amor genuino a Dios, mucha consagración, oración y obediencia para santidad, viviendo en el Espíritu y agradando a Dios no a nosotros mismos, unidos a la Vid…Cuántas veces he querido juntar a mis hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, pero ellos no han querido. Mateo 23:37.

 

La eterna juventud es buscada y perseguida por el mundo, pero el único que nos renueva y rejuvenece como águilas es Dios; Jadosh en hebreo significa renovar, restaurar y volver a empezar, de lo cual está llena la Escritura, porque así como el águila no tiene eterna juventud, sino que se renueva de forma cíclica en las alturas para vivir hasta 50 años, la Biblia no hace referencia a la edad del águila, sino a lo que ella representa, en fuerza y agudeza de visión para vivir en las alturas y sobre lo terrenal, lo cual para nosotros es vida espiritual dejando atrás todo el viejo y pesado ropaje del pecado; pero nuestra raíz espiritual nos mantiene arraigados y cimentados en Cristo y su evangelio, para elevar las alas que nos conducen a los altos propósitos de Dios, por eso cuando nacemos de nuevo, somos regenerados y restaurados, dejando atrás nuestra vieja naturaleza viciada de culpa, no para buscar la eterna juventud, sino la vida eterna en Cristo. Nuestra juventud es renovada como la del águila, Salmos 103:5.

 

La relación espiritual entre raíz y alas está en la estructura natural humana unida a lo sobrenatural de Dios, donde las raíces absorben y las alas se expanden, pero ambas dependen del Creador, por eso el SEÑOR nos exhorta con esta enseñanza a echar raíces, permaneciendo unidos y ligados al Hijo y su palabra, aconsejados todo el tiempo por el Espíritu de Dios, echando raíces profundas e inamovibles de verdad, justicia y rectitud en Dios, para que así nuestras alas espirituales y emocionales se mantengan fuertes frente al enemigo, el mundo y la carne; la raíz también nos habla de carácter y las alas hacen referencia al llamado, pues no volamos para ser, sino que nos enraizamos para permanecer y volar complaciendo el corazón del Padre eterno, cumpliendo nuestros deberes y haciendo lo que nos corresponde en su momento, pidiendo siempre en oración: SEÑOR, cuídame como a la niña de tus ojos; y escóndeme bajo la sombra de tus alas. Salmos 17:8.

 

La vida cristiana es espiritual y progresiva donde la palabra nos da raíces, la oración nos da alas, congregarnos nos da raíces, servir nos da alas, escudriñar la Biblia nos da raíces, predicarla y compartirla nos da alas, la fe nos da raíces, el fruto nos da alas, los principios nos dan raíces y la práctica nos da alas, y en todo Dios es el fundamento; la Escritura está llena de la sabia viva del consejo de Dios, que corre como ríos de agua por nuestro ser interior, abonando y regando el plantío de YHVH, donde todos debemos dar fruto en el servicio, porque para todos está dispuesto el conocimiento, la revelación, el discernimiento y la formación integral bíblica, para que aprendamos a vivir a la manera de Dios, alineados al corazón del Padre y llegar a ser verdaderos testigos de su Hijo, Juan 5:39-47, y Serán llamados árboles de justicia y plantío de YHVH para gloria suya. Isaías 60:3.

 

El que no lee ni escudriña las Escrituras, tampoco conoce a Dios, y no tiene a Cristo como SEÑOR y salvador, entonces será alguien débil e inseguro, porque el problema es su vida de fe sin raíces y sin alas espirituales, carente de vida en el Espíritu que es quien nos recuerda la palabra precisa de Dios en momento cruciales de la vida; palabra en hebreo es Dabár, que es vida activa y voz hablada de Dios, con sus dichos, asuntos y decretos; en griego es Rhema, significa el dicho preciso, perfecto y oportuno de Dios con mensaje completo; entonces, la Biblia es la palabra específica hablada por Dios para nuestra aplicación puntual en la práctica, direccionando nuestras decisiones en momentos cruciales e importantes de la vida; el SEÑOR Jesucristo es el Verbo, el mensaje viviente y completo del Padre, la palabra viva que nos habla todo el tiempo. Juan 1:1-28; Escudriñen las Escrituras, porque ustedes saben que en ellas tienen la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí. Juan 5:39.

 

Así como en la naturaleza vemos árboles y plantas sanos, verdes y hermosos, llenos de flores y fruto, también en el plantío de Dios vemos árboles enfermos, secos, débiles, pelados sin hojas, sin flores ni fruto, andando en lo natural y carnal, ausentes de lo espiritual en Dios, por eso esta hermosa enseñanza, es una paradoja en la vida del cristiano, donde un cristiano sin la palabra y que no ora no tiene raíces, ni alas y es comparable a una gallina que solo mira hacia el suelo picoteando para ver que encuentra, sin darse cuenta que arriba está la salida para volar muy alto a la manera de Dios y no del mundo; pero los cristianos espirituales están llenos de Dios, del Espíritu y la palabra, se congregan, sirven, oran, adoran y alaban en todo tiempo reconociendo a Dios a cada paso, subiendo continuamente a las alturas del trono de la gracia para encontrar oportuna ayuda, asi que: Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar oportuno socorro.  Hebreos 4:16.

 

Vivimos un tiempo muy difícil y oscuro, por lo tanto, tenemos que ver cómo está nuestra vida de fe, si tenemos rices y alas sirviendo o no a Dios, contribuyendo y aportando en amor para la obra del ministerio según nuestros dones, capacidades y llamado, en compromiso y fidelidad con raíces firmes, las cuales nos permitirán levantar alas de águila que contribuyan no solo con el cuidado de la naturaleza y el equilibrio del ecosistema, sino también a destruir roedores, serpientes y plagas que hacen daño y propagan enfermedades, porque el cristiano genuino usa las corrientes de aire del Espíritu para alejarse del suelo polvoriento del mundo dominando lo terrenal. Aquel que tiene al Espíritu de Dios puede juzgar todas las cosas, y nadie lo puede juzgar a él. 1 Corintios 2:15.

 

Un cristiano genuino no vive distraído ni se define por las pruebas, él usa las dificultades para crecer, aprende a elevarse en Dios por la fe y la obediencia, sin huir de la realidad, usa las tormentas para subir, porque vive desde las perspectiva espiritual, con visión y discernimiento en el Espíritu, enfocado en su SEÑOR para renovar sus fuerzas y mudar sus plumas, sin aferrarse al pasado ni a lo viejo, por eso los problemas no lo destruyen sino lo impulsan, dejándose moldear, tratar y pulir por su Hacedor, soltando viejos hábitos, abandonando el pecado y las cargas que no sirven, pero alimentándose de la palabra viva que limpia; muchas veces vuela solo pero no aislado porque tiene identidad y cobertura, y permanece firme aunque otros no lo logren. Pero si no quieren servir al SEÑOR, elijan hoy a quien van a servir; si a los dioses de sus antepasados, o de los amorreos que están en la tierra. Porque por mi parte, yo y mi casa serviremos al SEÑOR. Josué 24:15.

 

Seamos cristianos fieles y genuinos, como verdaderos hijos de Dios y discípulos de Cristo, defendamos el nido como lo hace el águila, plantémonos en el río de Dios, y enseñemos a nuestra prole a tomar raíces para que nuestros críos tomen las alas del águila, activando su fe y mostrando el carácter de Cristo en casa y en todo lugar, mientras vivimos la palabra, discipulamos a otros con amor, verdad y testimonio; así veremos con claridad el horizonte firme en Dios a pesar de las guerras, la violencia, la mentira y la densa oscuridad que cubre al mundo; crezcamos a pesar de las tormentas para que nos renovemos constantemente en el SEÑOR Jesús tomando más de su sabia celestial, y no yendo tras las masas, protegiéndonos a nosotros mismos y a los nuestros. Pues quien no se ocupa de los suyos, sobre todo de los de su propia familia, niega su fe y es peor que los incrédulos.1 Timoteo 5:8. Aménnn.

 

Mg. MEHC, hija del Dios vivo real y verdadero y servidora de su reino eterno.