Jesús dijo: La paz les doy, mi paz les
dejo; YO no les doy paz como el mundo la da. No se turbe su corazón, ni tengan miedo.
Juan 14:27.
Dios nos da su paz, que es más grande de
lo que el hombre pueda entender; esa paz que sobrepasa todo entendimiento y
cuida nuestro corazón y pensamientos por medio de Cristo Jesús. Filipenses 4:7.
SEÑOR, Tú guardarás en completa paz a
aquel cuyo pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado. Isaías 26:3
¡Cuánto necesitamos la paz de Dios en estos tiempos convulsos y falsos que producen tanta incertidumbre, confusión, inseguridad y angustia! La paz divina es la que produce gozo sobrenatural y calma profunda y extraordinaria sobre la algarabía y el alboroto del mundo; esa paz no depende de nuestro estado de ánimo, ni de las circunstancias externas, sino de nuestra fe y confianza en el poder del Dios Todopoderoso, para vencer los momentos de confusión en medio del constante engaño del mundo; la paz de Dios actúa como un refrigerio que refresca el alma y alienta nuestro corazón, si es que estamos bajo el gobierno soberano del Rey. Dios nos da su paz, que es más grande de lo que el hombre pueda entender; esa paz que sobrepasa todo entendimiento y cuida nuestro corazón y pensamientos por medio de Cristo Jesús. Filipenses 4:7.
En este Blog ya se ha escrito bastante a cerca de la paz, tal como la Verdadera paz viene de Dios, La paz shalom, la paz genuina y Cambiemos la atmosfera, todo porque la Biblia está llena de textos que hablan de la paz de Dios, la cual necesita mucho la humanidad con suma urgencia para que cesen las guerras, y miles sean restaurados interna y externamente, y puedan experimentar sanidad espiritual, paz mental, sanidad del cuerpo y vida socialmente pacífica. Hijo mío, no te olvides de mí enseñanza, tu corazón guarde mis mandamientos, porque largura de días, y años de vida y paz se te añadirán. Proverbios 3:1-2.
Hay que desear la paz de Dios nos lleva a buscar su presencia en oración, adoración, quietud, reverencia y silencio, disfrutando de la gloriosa presencia del Espíritu Santo; el mundo y la vida pueden cambiar de un momento a otro, las noticias que oímos y los eventos que contemplamos pueden podrían inquietar, y las recurrentes circunstancias de guerra y violencia pueden robarnos la tranquilidad, pero Dios nos ofrece su paz que no depende de que todo este bien a nuestro alrededor, sino de nuestra fe y credulidad a su palabra y confianza en Aquel que todo lo creó, lo sabe, lo ve, lo oye y está donde lo invoquemos. Por nada se aflijan ni se afanen, presenten a Dios en oración todas sus peticiones e inquietudes; pídanle con acción de gracias por todo . Filipenses 4:6.
Tener la paz de Dios en nuestro interior no significa ignorar la realidad, los problemas o la información cotidiana, requiere aprender a movernos Con Pasos Firmes en Dios, aun cuando no entendamos nada de lo que sucede, la paz de Dios es única y distinta a la presunta paz del mundo, porque Jesucristo es nuestra paz, Él es quien mantiene limpia nuestra alma y sana nuestra mente y corazó como lo dice el apóstol Pablo: puestos los ojos en Jesús, autor y consumidor de la fe, Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe, debido al gozo que le esperaba, Él soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba, y dice la Escritura: que su nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz. Hebreos 7:2 y 12:2.
El deseo de Dios con su paz es producir bienestar total en unión definitiva entre judíos y no judíos, según oró Jesús en Juan 17. Esta paz es la que necesita el mundo entero de hoy con imperiosa urgencia para que rebose la armonía relacional, haya prósperidad territorial, se trabaje con alegría y no haya pobreza, sino bienestar lejos de la miseria y la enfermedad; un mundo donde haya vida y no muerte, felicidad y no tristeza, sosiego y no inquietud, paz y no guerra; necesitamos la paz de Dios que brota desde el interior del corazón al exterior por el Espíritu Santo para transformar la atmósfera con cariño, afecto y respeto fraterno que produzca confianza y equilibrio con todos y la creación; la paz divina y manifestada es serenidad mental, afecto sincero del corazón y hermandad social, algo que solo se logra en dependencia al Padre celestial y a su Hijo, nuestro Salvador por el poder del Espíritu Santo que habita en nosotros. Gloria, honor y paz para todo aquel que hace lo bueno...Romanos 2:10.
Si queremos disfrutar la paz de Dios para vencer la incertidumbre de este mundo, alimentémonos de su palabra viva y eficaz, pues esto le demuestra a Dios que es en Él que estamos firmes y confiados; nuestro ser se sostiene en la paz de Dios si vivimos en el Espíritu Santo y por Espíritu, Él es quien nos provee y aviva el fruto en el poder de cada gajo que nos fortalece con sosiego, remanso, calma, serenidad, reposo y quietud apacible ante la locura y desorden del mundo. Porque lo que el Espíritu Santo produce en los hijos de Dios es amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley, Gálatas 5:22.
Disfrutar la paz de Dios significa vivir confiando plenamente en Él, descansar en sus promesas, dejar de luchar con nuestras propias fuerzas y someternos a su voluntad, dentro de una vida de fe, obediente, comunión, entrega y compromiso responsable con Dios, para el que ha entrado en el reposo de Dios, descansando en sus promesas y no en las propias obras; esto nos enseña varios principios: dejar los afanes queriendo resolver todo en nuestras propias fuerzas, estando seguros y creyendo que Dios tiene el control, y dejando de vivir dominados por el estrés y la ansiedad que nos provoca el mundo y su gente, aprendiendo cada día a obedecer a Dios sin resistir su voluntad, permaneciendo firmes en fe, incluso cuando no vemos cambios. Mi presencia irá contigo y te daré descanso. Éxodo 33:14.
Hoy necesitamos la paz de Dios y su reposo como nunca antes, entregando todas nuestras preocupaciones, preguntas e inquietudes a Él, confiados en su verdad y paz, dejando atrás la incredulidad, la autosuficiencia, la dureza de corazón, la soberbia, el miedo excesivo, los afánes, la ansiedad y la impotencia, ante los acontecimiento que vemos y oímos cerca y distante, que nos roban la paz y nos inquietan sobre manera, razón por la cual debemos
atender con mucha atención a la palabra de Dios, orar y adorar a Dios continuamente
para ser llenos del Espíritu Santo, nuestro único Consolador, Ayudador y
Consejero que nos recuerda la palabra oportunamente, cuando la hemos escudriñado, memorizado,
obedecido y la atesoramos en el alma, solo así la palabra de Dios se hará carne en
nosotros. Y la paz de
Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros
pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:7.
La paz de Dios es experimentar certidumbre de fe obediente frente a la incertidumbre de incredulidad del mundo altanero, rebelde e irreverente a su Creador; la paz de Dios es seguridad del cuidado y la protección divina ante el peligro, gozando de todo bien y don perfecto que viene del Padre de las luces, y que fluye como un río desde el trono celestial, tal como lo narra Ezequiel 47. Con la paz de Dios, nada impedirá que Él nos haga productivos para completar su propósito en cada uno de sus hijos, porque son vidas con razón de ser, entonces el fruto del Espíritu será visible sin importar los tiempos ni lo que diga el mundo con sus actores del engaño. En paz me acuesto, y en paz me duermo, porque solo el SEÑOR me hace vivir confiado. Salmos 4:8..
Dios es nuestro Abba Padre, es nuestro SEÑOR y Salvador, es nuestro Amigo fiel, por lo tanto, Él nos sostiene cuando estamos solos, inquietos, inseguros o tenemos miedo; Cristo nos da seguridad ante cualquier peligro que nos aceche; porque nuestra seguridad no depende de conocer el futuro, sino de saber que podemos acudir al Todopoderoso en medio del peligro, las amenazas y el miedo; la paz de su presencia y su ayuda vendrán en nuestro auxilio si sabemos quién es Dios y para Él no hay nada difícil ni imposible; por lo tanto, no hay mal, ni demonios, ni malvados, ni brujería que nos puedan dañar. Si descansamos en el poder de su reposo tendremos paz frente a las dificultades, seguridad en sus promesas, dirección y cuidado en el Buen Padre y Pastor con esperanza eterna; tener la paz y el reposo de Dios requiere nuestra decisión diaria de fe y perseverancia espiritual. No temas, porque YO estoy contigo: no desmayes, porque YO SOY tu Dios, que te da fuerzas y te ayuda. Isaías 41:10.
Recuerdo en abril de 2009
cuando mi hijo viajó fuera del país para radicarse afuera, teníamos que ir a
cambiar pesos por dólares, teníamos lo nuestro, y lo de un excompañero suyo de universidad,
a quien sus padres le enviaban una buena suma para sustentarse en el tiempo de
su especialización, las dos cantidades sumaban buen dinero; cuando salimos de
la casa de cambios, como a unas diez cuadras, unos sujetos en moto nos
abordaron en el parqueadero, me arrastraron un buen trayecto intentando
arrebatarme el bolso donde estaba el dinero, pero yo me aferré fuerte, me defendí y NO lograban
arrebatármelo. Recuerdo que antes de salir de casa, oré al SEÑOR y encomendé
nuestro camino, le dije a Dios, háblame por tu palabra, tomé una tarjetica de la
caja de versículos y me salió Salmos
20:1-2, entonces di gracias y me fui con esa palabra en mi corazón, la cual se cumplió al pie
de la letra. YHVH te
oiga en el día del conflicto, el nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envía
ayuda desde su santuario, y desde Sión te sostenga. Salmos 20:1-2.
Uno de los ladrones me tenía sometida en el suelo, y yo gritaba diciéndole que no le entregaría nada, porque dentro de mi había mucha paz confiando en Dios; mi hijo angustiado porque el delincuente me apuntaba con un arma de fuego en la frente, me gritaba, ma, entrega el bolso, yo le decía primero muerta que darle gusto al ladrón, en esas llegó mi esposo y dijo con voz muy grave, "que vas a entregar nada," y le dio por detrás un fuerte punta-pie al ladrón, quien se volteó, y no sabemos qué vio o qué pasó, porque salió corriendo como alma que lleva el diablo; así Dios nos salvó la vida a todos y no nos quitaron nada.
Al día siguiente yo oraba dando
gracias, a pesar de que estaba muy golpeada, amoratada, inflamada y adolorida
en piernas y brazos, tomé la Biblia, pedí a Dios que me hablara y volvió a
darme el mismo Salmo pero mis ojos se posaron en los versículos 3 al 5. Dios haga memoria de todas tus ofrendas
y sacrificios. Te de conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo.
Nosotros nos alegramos en tu salvación, y alzaremos bandera en el nombre de
nuestro Dios; concede YHVH todas tus peticiones. Salmos 20:3-5.
La verdad es que no podemos controlar todo lo que sucede en el mundo, pero SÍ podemos aprender a descansar y confiar en Dios, porque su trono permanece para siempre y su soberanía es eterna sobre todas las cosas; es con la palabra de Dios, que se sostiene nuestra fe y se guarda nuestro ser integral es esperanza, quitando todo miedo de nuestra alma. SEÑOR, Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en la aflicción, porque tu dicho me ha vivificado. Salmos 119:49-50.
Jesús es el Melquised del AT a quien Abraham honró con su ofrenda, Sacerdote sin principio ni fin y que nos da su paz, si mantenemos la mirada, la mente y el corazón fijos en Jesucristo, cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, pero también Rey de Salem, esto es, Rey de paz. Hebreos 7:2, y nosotros debemos recordar su misión al bajar de su trono de gloria a la tierra para salvarnos, y que nosotros confesemos su nombre declarando la palabra correcta; por eso debemos alimentarnos espiritualmente con toda la verdad que procede de Dios y no dejarnos intimidar por las noticias fake y alarmantes del mundo. El SEÑOR es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar y junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor a su nombre. Aunque ande en valles de sombra de muerte, NO temeré mal alguno, porque Dios estará conmigo; su palabra como una vara y un bastón me dará confianza. Salmos 23:1-4.
Cuando conocemos a Dios
y hemos estudiado, leído y meditado en su palabra, el amor de Dios se levantará
como un escudo para fortalecernos y ayudarnos a descansar en el poder de su verdad y sus promesas; fue lo
que Pablo pudo experimentar para enseñarnos que ninguna cosa creada puede
separarnos del amor protector de Dios que es en Cristo Jesús, SEÑOR nuestro; es
cierto, las circunstancias y los eventos pueden cambiar para bien o para mal, pero no
podemos sopesar ni medir el amor de Dios por la tranquilidad o la dificultad de
cada día. Por eso
estamos seguros de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni
potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni
ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús,
SEÑOR nuestro. Romanos 8:38-39.
Así que siempre y eternamente, Cristo será nuestra verdadera paz, nuestro Rey de Salem, el Rey de paz del cristiano, que no es una simple sensación agradable de remanso momentáneo, es Cristo reinando en nuestro corazón en una realidad que comienza con nuestra relación personal con Jesús; así es que podemos conservar la paz aunque el mundo parezca perder la cordura; los hijos de Dios tenemos que vivir en el Espíritu con mucha firmeza, conociendo lo que dice la Biblia a cerca de Dios, para discernir cada cosa que pasa ante nuestros ojos, y no permitir que la información ni las noticias del mundo ocupen el lugar que le pertenece a Jesús en nuestro corazón y en nuestra mente; confiemos en el Padre y su palabra de verdad, de tal manera que podamos discernir los tiempos que vivimos sin estar atemorizados, sino gozos, orando siempre, antes de actuar, hablar o reaccionar. El justo no tiene temor de recibir malas noticias; pues su corazón está confiado en que el SEÑOR siempre lo cuidará. Salmos 112:7.
La paz que Dios nos ofrece, debe ayudarnos a responder coherentemente con nuestra fe, procediendo con sabiduría y prudencia ante las circunstancias, no con ira, impulsividad ni desesperación, estando en paz no solo con Dios, sino consigo mismos y con quienes nos rodean; ninguno de nosotros podemos corregir o evitar tanta maldad que existe en el mundo, pero si podemos clamar a Dios porque haya paz, y procurar que nuestra alma. nuestra casa, nuestras palabras y actitudes sean instrumentos de paz en las manos y la presencia de Dios, siempre vigilantes y atentos para no caer en el pánico ni en la desesperación. Miren bien para que no se perturben, porque oirán noticias de que hay guerras aquí y allá; pero no tengan miedo, pues así tiene que ocurrir; sin embargo, aún no será el fin. Mateo 24:6.
Esta verdad
profunda y firme, de que la paz de Dios guarda nuestro mundo interior es algo espiritual y real para que impactemos nuestro entorno con amor, serenidad y armonía; por la fe que tenemos en que en Jesucristo hemos sido justificados y reconciliados con el Padre, debe haber paz en nuestro corazón, para reposar confiados aunque hayan aflicciones en el mundo, lo cual
redundará en nuestro trato cordial y amable con el prójimo; la paz bíblica en Dios no es
pasividad ni indiferencia ante la injusticia, debemos defender la
verdad, ayudar a quien sufre y actuar responsablemente para no permitir que el
dolor, el resentimiento, ni el odio gobiernen nuestro corazón y emociones. Hasta donde les sea posible y dependa
de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todas las personas. Romanos
12:18
El mundo nunca estará
tranquilo, así que nuestra paz con Dios, nuestra paz interior nunca dependerá de
eso, nuestra paz cristiana es la condición interna de gozo y seguridad, fundamentada en nuestra
amistad y relación personal con Dios, en la persona de Jesucristo, por eso el
SEÑOR Jesús hizo la diferencia de la paz que Él nos da, con la paz del mundo. Estas cosas les he hablado para que en Mí
tengan paz. En el mundo siempre habrá aflicción; pero confíen, porque YO he
vencido al mundo. Juan 16:33.
Vivir en Cristo y en el poder del Espíritu con la certeza de fe en la palabra debe fortalecer suestra confianza y seguridad de protección por parte de Dios, Jesús es nuestra fortaleza ante el temor, por lo cual la Biblia nos enseña a convertir nuestro aprendizaje bíblico y estudios de Dios en una forma de vida, que redunde en acciones concretas de sosiego, calma, serenidad, eposo y quietud apacible ante la locura y desorden del mundo, para tomar decisiones prácticas; leamos con hambre y sed de Dios su Escritura, con el propósito de crecer y madurar en el conociendo de Dios; ahondemos en aprendizaje navegando en las aguas profundas del contexto bíblico para comprender lo que vamos leyendo, investiguemos el trasfondo bíblico para no forzar la situación que estemos pasando. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. 1 Timoteo 1:7.
También podemos extraer un principio general y otros secundarios, identificando, diferenciando y entendiendo lo que es un mandato específico, lo que es una instrucción y lo que es historia, pasando de ser simples oidores a ser hacedores de la palabra de Dios según el enfoque del texto que hemos leído. Dios nos ordena escudriñar la Escritura porque es la mejor forma de educar el alma, y formar una conciencia limpia y recta para vivir en la paz verdadera, donde la palabra de Dios es la guía que afina nuestro sentido interno, que tiene claro que es el bien y que es el mal de los sucesos cotidianos, pensando y actuando con sentido común, inteligencia y sabiduría de lo alto, p
comprendiendo que lo que vemos, oímos y
pasamos en este mundo, es la lucha eterna entre el bien y el mal. Y las armas de nuestra milicia no son
carnales, sino poderosas en Cristo Jesús, para la destrucción de fortalezas. 2
Corintios 10:4.
Frente a todo esto, surge
una pregunta: ¿Estamos permitiendo que el ruido del mundo sea más fuerte que la
voz de Dios en nosotros? Nuestra respuesta debe reflejarse en una vida de oración, ayuno,
amor, discernimiento, intercesión, confianza, serenidad, mansedumbre, paciencia y santidad para con el SEÑOR; porque no podemos
controlar todos los acontecimientos del mundo, pero Sí podemos acudir a nuestro
Padre celestial en el nombre del SEÑOR Jesucristo para pedirle que sea su
Espíritu Santo quien gobierne nuestro corazón con su paz. Sometidos a Dios; resistiendo al diablo
para que ese enemigo huya de nosotros. Santiago 4:7.
OREMOS: Padre amado, en el
nombre de nuestro SEÑOR Jesucristo y en el poder de su Santo Espíritu, venimos
delante de tu presencia, reconociendo que necesitamos tu paz para sostenernos
firmes en Ti en estos tiempos; es verdad, SEÑOR, vivimos en un mundo lleno de
incertidumbre, guerras, conflictos, miedos, odio y confusión, son muchas
situaciones que no comprendemos ni acontecimientos que nos preocupan. Pero hoy
decidimos levantar nuestros ojos a Ti, rindiendo el alma a Ti, que eras nuestro
Dueño, porque solo Tú eres nuestro refugio, nuestra fortaleza y nuestro pronto
auxilio.
Padre, por favor guarda
mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús, libéranos de la angustia que
paraliza, del temor que roba la esperanza y de la confusión que impide
discernir la verdad; danos sabiduría para comprender los tiempos, dominio
propio para responder correctamente y con amor y no ser instrumentos de
discordia. Que tu maravilloso Espíritu nos ayude a permanecer firmes en la
palabra, a permanecer en oración a favor de nuestra familia, nuestra nación, tu
pueblo y las naciones porque hay muchos que sufren a causa de la maldad, la
violencia y la injusticia.
SEÑOR eterno, que tu
paz gobierne todo nuestro ser, que tu verdad sea la luz que alumbre nuestro
camino para que nuestra vida sea un testimonio de la esperanza que tenemos en
nuestro SEÑOR Jesucristo; en medio de las tormentas enséñanos a confiar en Ti,
no por ignorar lo que sucede en el mundo, sino por saber que Tú eres fiel, en
el nombre de Jesús oramos, amén. No
nos dejemos vencer por el mal; al contrario, venzamos el mal con el bien.
Romanos 12:21.
Mg. MEHC, hija del
Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino eterno.
