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21 ene 2018

#21-ORAR CON LAS ESCRITURAS


OREMOS CON LAS ESCRITURAS

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, Hebreos 4:12.

En mi corazón atesoro tu palabra, para no pecar contra Ti, Salmos 119:11; Oh, cuánto amo yo tu ley, es ella todo el día mi meditación, Salmos 119:97.  

Ésta frase que aparece algo más de 80 veces en las Escrituras, 17 veces en el AT y 63 veces en el NT, viene directamente de los labios más santos, de nuestro Salvador Jesucristo, SEÑOR y Dios del universo y conocedor de todo, Jesús pronunció ésta frase especialmente en momentos de desierto y tentación frente al enemigo de las almas en, Lucas 4 y Mateo 4, Porque escrito está.

Jesús usó en todo su ministerio la palabra de Dios plasmada en las Escrituras, porque la palabra de Dios es la autoridad máxima y fundamental para abrir los ojos, sensibilizar el corazón, poner fin al mal y romper de lleno los argumentos y pretextos del diablo, el mundo y la carne. "Escrito está," el significado de esta frase es poder espiritual de Dios contra todo lo que se opone a la voluntad divina del bien, la verdad y la justicia, y a la cual todo ser humano debe acudir para recibir instrucción, dirección y sabiduría; y será con la palabra que la humanidad entera será juzgada al final de los tiempos, pues ella es la que nos instruye y nos advierte lo que Dios ha profetizado. Juan 12:44-48 y Ezequiel 18:30.

Orar con la palabra de Dios es hacer que nuestra oración se alinie a la voluntad de Dios y estemos de acuerdo con lo que Él ya ha dicho y revelado, esto no significa repetir versículos mecánicamente, como si fueran magia, es tomar textos claves que se ajustan a la realidad y el momento, apropiándonos de promesas, mandamientos y verdades, para presentarlas al SEÑOR con fe y con certeza de que Él actuará, pues la Biblia dirige nuestra oración cuando no sabemos qué orar, o cómo hacerlo. Porque si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Dios nos oye. 1 Juan 5:14.

Orar con la palabra escritural tiene poder, porque nos ayuda a dintinguir, entre lo que deseamos nosotros y lo que Dios realmente quiere; podemos decir: SEÑOR tu dices en tu palabra, que no tenga miedo, porque Tú estás conmigo para ayudarme, así que dame fe para permanecer firme en esta situación, Isaías 41:10; la palabra orada fortalece nuestra fe para ver milagros, Romanos 10:17, al SEÑOR le plació registrar su voluntad en los libros bíblicos para que la humanidad lo conozca, le obedezca y sea salva. Cuando leemos la palabra de Dios, no es lo mismo que cuando leemos cualquier otro libro, pero orar con la palabra es mejor, pues dejamos de apoyarnos en nuestras emociones o lo que dice la gente, y recordamos lo que Dios ha dicho; Padre aunque hoy no vea respuesta, decido confiar en Ti. SEÑOR, en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra Ti. Salmos 119:11.

Orar con la palabra es memorizar, valorar y atesorar lo que Dios ha establecido legal y espiritualmente, así la palabra transforma nuestra manera de pensar, porque la oración no solo cambia las circunstancias, nos va transformando y renovando nuestro entendimiento, y si oramos continuamente con la palabra en términos de fe, obediencia, esperanza, santidad y confianza plena en Dios, veremos milagros, porque ella nos une al corazón de Dios, en espíritu, alma y cuerpo para recibir su revelación, su instrucción y su enseñanza; nuestro corazón se ensancha de amor por Dios porque lo conocemos mejor cada día a través de su palabra, y Él nos habla a través de ella, porque el que se une al SEÑOR es uno con Él, 1 Corintios 16:17.

La oración con la palabra de Dios nos ayuda en la batalla espiritual porque es la espada del Espíritu para confrontar al enemigo, cuando Jesús venció la tentación, lo hizo con la palabra, diciendo: escrito está, pues la palabra confronta la mentira sutil del adversario, pues hablamos verdad; si oramos con la palabra se abre un horizonte de sabiduría espiritual en el cual lo entregamos todo a Dios, y nos olvidamos del mundo que nos rodea, para experimentar la gloria de su presencia soberana y santa. Toda la biblia es biblioteca y compendio de oración masiva que brota del corazón de Dios, cada capítulo contiene algún pasaje de oración que continuamente nos acerca y recuerda quién es Dios. Por eso Moisés inspirado por el Espíritu Ayudador escribió; Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés en casa, cuando vayas por el camino, acostado en tu cama y cuando te levantes, Deuteronomio 6:7.

Cuando oramos con las palabras, se purifican nuestras peticiones, para no orar desde el miefo, ni la ira de nuestros propios deseos, pues la Escrutura nos escudriña y examina profundamente las intenciones de nuestro corazón; porque decimos textos que el mismo Creador del universo pronunció y diseñó, nos ponemos cara a cara, con el Dios, real, palpable y grandioso que nos forma y entrena para ser constructores de su reino en la tierra. Una manera de meditar en la palabra del Eterno, es precisamente orando con ella, apropiándonos de cada promesa, confesando cada verdad, declarando cada texto de guerra y de victoria contra las fuerzas del mal y atrayendo la presencia santa de Dios con sus dichos de adoración y alabanza que describen su magnificencia, grandeza y plenitud. Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12.

La palabra nos enseña a confesar verdades poderosas sostenidas por Dios, para no manipular ni acomodar nada, porque hay una diferencia entre orar la verdad de Dios y tratar la biblia como si fuera un mecanismo para obligar a Dios a hacer algo, cuando no es du voluntad, es mejor mantener la actitud del SEÑOR Jesús, que no se haga nuestra voluntad, sino la del Padre, Lucas 22:42; es así que aprendemos a andar, actuar y hablar por fe, entonces tomamos tiempos de calma para deleitarnos con el Dueño de la palabra, el Maestri de la oración y SEÑOR de la creación, les aseguro que ustedes sentirán como arde su corazón, percibirán que brotan del Altar Santo, ríos de agua viva que hacen arder nuestro ser de pasión y amor por SEÑOR, porque nos llenamos de su su presencia, poder y fuerza liberadora que santifica,  no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído de Dios, Pero si digo: No me acordaré más de Ti ni hablaré más en tu nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo, Jeremías 20:9.
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Literalmente la oración con la palabra pone nuestra súplica delante de Dios, mientras su verdad se siembra en nuestro corazón, sentimos que así como su palabra es un completo panal de miel deliciosa y que satura el alma de bien, también es nuestra mejor espada de guerra para arrancar cabezas de maldad, reviviendo nuestro cuerpo y haciéndo saltar de alegría nuestro espíritu vomo corderitos, conectados al corazón del Buen Pastor; nos unimos al Espíritu en un solo Aliento de Vida, gozándonos en su presencia, eso es lo que experimentamos cuando oramos con la santa palabra del único Dios siempre presente. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca. Porque de tus mandamientos he adquirido entendimiento; por eso es que aborrezco todo camino de maldad, Salmos 119: 103-104.

La poderosa palabra de Dios confesada con  labios puros es la espada de doble filo del Espíritu Santo que Dios usa, con la cual las fuerzas del mal son diezmadas, destruidas y reducidas a nada, porque toda la corte celestial de luz se pone en pie de guerra contra la oscuridad. Efesios 6:17. Orar con la palabra es reconocer más a Jesucristo, acercarnos más al Padre y haciéndonos uno con su Espíritu, aprendiendo a amarlo con intensidad. Es por eso que dialogar con el SEÑOR del universo y su dichos, es algo serio en lo cual debemos tener una actitud acorde con las instrucciones de su palabra y con la santidad y grandeza del Eterno, OH SEÑOR, tus mandamientos son muy firmes! Por eso la santidad le conviene a tu casa! Salmos 93:5.

Orar con el texto bíblico es darnos un paseo celestial por los camino de Dios, descubriendo nuevas maneras de acercarnos a Él para permanecer en Él, mejorar nuestra vida, prepararnos para ser odres nuevos llenos del gozo del vino celestial de su presencia y su palabra viva y eficaz, que impregna nuestra alma d3 vida y libertad y se extiende a todas nuestras circunstancias, haciendo de nuestra cotidianidad una continua alabanza y oración, porque la palabra nos enseña a pensar, ser fieles y obedientes a Dios, Filipenses 4:8.

Esto se vuelve algo poderoso que convierte nuestros pensamientos en una continua lluvia de ideas y creatividad que exaltan la majestad del Rey, aprendemos a ser agradecidos, lo vemos en todo lo bello y todo lo puro, aún en las cosas más sencillas y elementales que observamos a nuestro alrededor, porque cuando pronunciamos los dichos de Dios, traemos el cielo a la tierra y el peso de su gloria se deja sentir, Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielo, consumió el holocausto y las víctimas y la gloria de YHVH llenó la casa, 2 Crónicas 7:1.

Orar la palabra de Dios es ejercitar la unidad del Cuerpo de Cristo, por eso necesitamos no solo orar individualmente, sino en comunidad, en la congregación, en la casa y en todo lugar donde nos hallemos juntos,  Dios nos dejó ejemplos de victoria cuando su pueblo oró en el poder de la palabra como lo hicieron Moisés, Esdras, Nehemías y Josafat, o cuando convocaron a la unidad en la plegaria como lo hizo Ester en momentos de amenaza de un holocausto del pueblo; ellos no solo leyeron la palabra a todo el pueblo sino que oraron la palabra, Levántense, bendigan al SEÑOR nuestro Dios desde la eternidad y hasta la eternidad, bendigamos su santo nombre, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza…Nehemías 9:5.

Orar la palabra de Dios es confesar y tomar cada texto como si fuera nuestro; esto hace que se estrechen lazos de amor y amistad entre el pueblo de Dios, fortaleciendo la fe, y nos ayuda a agudizar el oído a la voz de Dios para guiarnos con sus consejos para corregirnos, Salmos 119:105, Proverbios 11:14.

Confesar y declarar la palabra de Dios hace temblar el infierno y los demonios huyen despavoridos, porque el enemigo de Dios también es nuestro enemigo, odia la palabra y a los hijos de Dios, aunque nada le hayamos hecho, Jeremías 20:11-13; su odio es gratuito, y como no puede con Dios, se la toma contra nosotros que amamos, obedecemos y creemos al SEÑOR de todo, el enemigo sabe que somos valiosos y preciosos a los ojos divinos, y él sabe que la mejor manera de tocar y provoca al SEÑOR es haciéndonos sufrir, como lo narra el libro de Job.

La palabra confesada queda en nuestro consciente e inconsciente porque nuestros oídos la hhemos hablado y escuchado, un doble trabajo en los sentidos, lo cual nos mueve a la santidad y a ser auténticos ante los ojos de Dios y de aquellos que nos rodean cada día; esto a su vez nos une en amor y lealtad. ¡Cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos y en armonía! Salmos 133; cuando vivimos la palabra, ella cobra vida porque Cristo es la palabra viviente, que nos une al Padre y nos congrega aquí en la tierra. Preguntarán por el camino de Sión, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Vengan y juntémonos al SEÑOR con pacto eterno que jamás se ponga en olvido Jeremías 50:5.

Orar la palabra de Dios hace que los pensamientos de Dios se fijen en nuestro cerebro y corazón, ensanchando el reino de manera poderosa y vivificante produciendo seguridad y fortaleza a nuestra alma y agradándo al SEÑOR. Mientras oramos la palabra de Dios, nuestra forma de hablar se hace como la de Cristo y nos queda más fácil conversar continuamente con Dios y hallar gracia ante la gente para compartirles el evangelio; esto no solo revoluciona nuestro espíritu y transforma nuestro ser interior, sino que podemos reflejar el carácter del Rey, lo cual otros notarán, Poco después, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: Seguro que tú también eres uno de ellos, porque hasta tu manera de hablar te delate, Mateo 26:73.

Orar con la biblia hace que cultivemos un lenguaje celestial de reino eliminando el del mundo, el fuego de Dios y la gloria del cielo se revelan en todas nuestras reuniones, encendiendo magistralmente los corazones y apagando los dardos del maligno, porque vivir, confesar y creer la palabra es dinamita pura y sometimiento a Dios, Santiago 4:7.

Orar con la palabra es interceder de acuerdo a los propósitos de Dios. Es algo extraordinario, cuando oramos con la palabra, cosas que ni siquiera habíamos pensado fluyen por nuestros labios, porque es el Espíritu intercediendo a través de nosotros, rompiendo cadenas y derribando toda muralla de maldad e impedimento a la manifestación de la gloria divina, para traer liberación, sanidad, vida y poder,; Orar con la palabra nos ayuda a hacer oraciones nuevas e irrepetibles que llenarán las vidas y los lugares con la misma presencia de Dios. Esto y mucho más descubriremos y nos será revelado en la medida que oremos con la palabra de Dios, YO SOY el SEÑOR, tu Dios, el que te sacó de la tierra de Egipto; abre tu boca y YO la llenaré, Salmos 81:10, Amén.

OREMOS CON LA PALABRA DE DIOS Y OBTENGAMOS LA VICTORIA

Mg. MEHC, hija del Dios vivo, real y verdadero y servidora de su reino.


ORACIÓN MILITANTE DE  UN SOLDADO DE JESUCRISTO