LA VICTORIA
FINAL ES EN EL PODER DEL ETERNO DIOS
Y sabrá toda la tierra que Jehová no
salva con espada ni con lanza; porque YHWH
es quien da la batalla, y Él entregará a los enemigos en nuestras manos,
1 Samuel 17:47
Porque no estamos luchando contra
poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales de los aires, las
cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de las tinieblas que
nos rodean, Efesios 6:12.
Las
Sagradas Escrituras describen a satanás como el príncipe de este mundo. Ese ser
maligno es el usurpador, el que toma por engaño el gobierno mundial, cuando el
ser humano desconoce esto, le da la espalda al Verdadero Dueño y Creador de
todo lo que existe.
La
guerra real y fuerte es la que se libera entre las legiones del bien y el mal,
entre Dios y su archienemigo satanás. Por eso donde avanza el mal los resultados
son dramáticos, hay perversión, confusión, división, destrucción y muerte; pero
satanás y sus demonios YA HAN SIDO VENCIDOS, por el sacrificio, la muerte y
resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Él es ahora el Señor, el Gobernante y
el Rey, porque Jesús vino para deshacer las obras del
diablo, 1 Juan 3:8.
Así que nuestra lucha es de carácter defensivo.
Pero
ese maligno engañador no quiere admitir su derrota, por eso no lucha solo
contra cada persona que reconoce y recibe a Jesucristo como Salvador, sino que
provoca un encendido ataque contra todo aquello que le pertenece a Dios, contra
todo lugar o nación donde Dios tiene sus planes poderosos. Es por eso que ataca
y gruñe como perro herido negándose a ceder su maléfico control.
Nuestra
vida cristiana es por eso una continua lucha, por eso la gracia de Dios a través
de su palabra nos está recordando y animando a estar ALERTAS, a no bajar la
guardia, a no dejar de usar las armas que el Eterno nos dio, a NO CEDER EL
TERRITORIO que Dios ya ha conquistado y nos ha dado en Cristo para que vivamos a
la manera de Dios.
Por
eso Pablo inspirado por el Espíritu Santo nos insta a orar
en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello
con toda perseverancia y ruegos por todos los santos, Efesios 6:18. La verdad
espiritual para el creyente y que nos fortalece la fe y confianza en Dios, es
que las legiones del infierno se aterran viendo al pueblo de Dios hincado de rodillas
orando y clamando.
Satanás
tiembla cuando ve al más débil de los santos humillado ante Dios pidiendo su
ayuda y socorro. Eso lo vemos claro ante la decisión inquebrantable del profeta
Daniel al orar por la liberación de su pueblo y evitar un designio maligno de
mortandad para los judíos. Se desató en los aires un ataque feroz contra su
oración, y un visitante celestial de parte de Dios vino a revelarlo para animarlo
a seguir ayunando y orando, y le dijo:
No tengas miedo, Daniel, porque desde
el primer día en que trataste de comprender las cosas difíciles y decidiste
humillarte ante tu Dios, Él escuchó tus oraciones. Por eso he venido yo. Pues
el príncipe del reino de Persia (un ángel caído o
demonio) se ha opuesto durante 21 días; pero el Arcángel Miguel,
uno de los príncipes más altos al mando del Eterno Dios, vino en mi ayuda, pues
yo me había quedado solo luchando contra los reyes de Persia, Daniel 10:12-13.
Esto
nos enseña que la batalla es del Señor, Dios es quien pelea y da las victorias,
así sabrán todos que para ganar no se necesita de fuerzas humanas, de
manipulaciones, de engaños ni cosas oscuras, porque las oraciones humanas de
los hombres y las mujeres de Dios serán armas de fuego celestial contra tales
cosas, Y sabrá toda la tierra que Jehová no salva con espada ni
con lanza; porque de YHWH es quien da la
batalla, y Él entregará a los enemigos en nuestras manos, 1 Samuel 17:47.
Somos
conducidos por el Invencible Varón de Guerra, y el General de las huestes de
Dios que es Jesucristo, Él conoce sus soldados por nombre y se preocupa por su
seguridad y bienestar. No habrá ningún soldado de Cristo que sea carne de cañón
en las artimañas malignas, Y el ángel tomo el incensario, y lo
lleno del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces y
relámpagos y un terremoto. Apocalipsis 8:5. Apocalipsis describe una guerra, un
ángel de Dios que toma el incensario del altar donde estaban mezcladas las
oraciones de los santos y el fuego de Dios y lo arrojó sobre el planeta, todo
se llenó de humo y las plegarias endulzantes de los redimidos de Cristo envolvieron
a los gobernantes donde Dios había decretado su liberación.
La
verdad es que peleamos en una batalla que YA HA SIDO GANADA. Fue ganada cuando
Jesús irrumpió a la vida traspasando la tumba sellada y dejándola vacía. Eso
entendieron los aliados en la Segunda Guerra Mundial, por eso invadieron toda
Europa, así el mundo supo que la guerra había concluido.
De
igual manera, nosotros estamos en una situación similar. Está en marcha la
última invasión maligna no solo en nuestra nación, sino en el mundo, por eso
Jesús afirmó: En el mundo tendrán aflicción, pero confíen,
YO he vencido al mundo, Juan 16:33. Y el apóstol exclamó gozoso: ¡Gracias
a Dios! Él nos da la victoria por medio
de nuestro Señor Jesucristo, 1 Corintios 15:57.
Y
aún más, Dios confirma esta maravillosa promesa: A Dios sean las gracias
porque Él nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros
manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos
grato olor de Cristo en los que se salvan, pero en los que se pierden, un
terrible olor a muerte…2 Corintios 2:14. Esto nos revela bellamente que Dios es
quien pele la batalla y da la victoria, pero que nosotros tenemos la
responsabilidad de alinearnos con el Reino de los cielos a través de ORAR SIN
CESAR, clamar todo el tiempo, usar las armas espirituales que el cielo nos ha
dado, rodeando toda nuestra vida, nuestra familia, nuestra nación y todo lugar
donde hay un hijo de Dios, para ver concretada la victoria final.
Nuestra
batalla es esencialmente una batalla de fe, no podemos darle lugar al temor ni
a la duda, recordemos: Esta es la victoria que ha vencido al
mundo, nuestra fe, 1 Juan 5:4. Todo el que es hijo de Dios vence al mundo,
pues es nuestra fe en Cristo y su palabra es lo que vence al mundo espiritual y
perverso, porque el que cree de corazón que Jesucristo es el Hijo
de Dios, vence al mundo, 1 Juan 5:4-5.
Y
aunque estemos viendo las escaramuzas finales del infierno, sigamos luchando de
manera efectiva, Pelea la buena batalla de la fe,
echemos mano a la vida eterna, 1 Timoteo 6:12. Nuestra vida nos ha sido dada para
trascender aquí en la tierra y para la eternidad.
Fortalezcamos
la fe y veremos la gloria del cielo, Fortalezcámonos en el Señor y en el
poder de su fuerza, Efesios 6:10. ¿Qué más puedo decir? Me faltaría
tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de
Samuel, y de los profetas. Por fe conquistaron países, impartieron justicia,
recibieron lo que Dios había prometido, cerraron la boca de los leones,
apagaron fuegos violentos, escaparon de ser muertos a filo de espada, sacaron
fuerzas de la debilidad, y se hicieron poderosos en la batalla, venciendo a los
ejércitos del enemigo, Hebreos 11:33-34.
No
podemos descuidarnos, los momentos previos a la victoria total, suelen ser los
de mayor violencia, seamos cuidadosos en esta guerra espiritual, Yo,
por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al
aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecer, para no quedar yo
mismo descalificado después de haber enseñado a otros, 1 Corintios 9:26-27. Por eso seguimos en
la batalla muy despiertos y atentos, seguimos velando, seguimos alabando y
adorando y seguimos humillados orando ante el Vencedor de vencedores.
Tú
y yo somos buenos soldados de Jesucristo, porque no es posible ser cristiano
sin participar en la guerra, Tú, como buen soldado de Jesucristo,
debes estar dispuesto a sufrir por Él. Los soldados que tratan de agradar a su Superior,
no se enredan en las cosas del mundo, ni se interesan en ninguna otra cosa que
no sea el ejército, 2 Timoteo 2:3-4. Porque Él fue quien nos tomó por soldados.
En la hora de la victoria no es momento para derrochar en cosas pasajeras y
superfluas.
¿En
qué estás enredado que no sean las cosas del reino de Dios?
¿Los
afanes de tu vida han apagado la palabra de Dios en tu corazón?
O
¿Estás a total disposición de tu Comandante y Superior Jefe?
Gana
tu batalla aquí en esta vida, porque no habrá más batallas; después de esta
vida, usted no tendrá oportunidad de marchar con el Ejército Victorioso del
Eterno, no podrá después seguir los pasos firmes del Conquistador Todopoderoso.
Ahora
es el tiempo aceptable, ahora es el tiempo de salvación, 2 Corintios 6:2.
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